Este 18 de octubre, la Argentina celebra el Día de la Madre, una fecha dedicada a homenajear a quienes, con amor, esfuerzo y dedicación, acompañan el crecimiento de sus hijos y cumplen un papel fundamental en la familia. En esta ocasión, La Opinión Austral dialogó con Melany Taboada, una vecina de Río Gallegos cuya historia está atravesada por una experiencia extraordinaria: convertirse en madre de tres bebés idénticas.

Venecia, Aitana y Alma, las trigemelas idénticas de Melany Taboada y Carlos Andrade, descansan en sus respectivas sillas mecedoras. FOTO: VANINA JANCICH / LA OPINIÓN AUSTRAL.

El 16 de diciembre de 2025, Melany y Carlos Andrade recibieron a Venecia, Aitana y Alma, tres hermanas que comparten una condición excepcional. El nacimiento de trigemelas idénticas es un fenómeno que se registra una vez cada 100 millones de embarazos, una particularidad que convirtió la llegada de las pequeñas en un acontecimiento tan inesperado como inolvidable.

Las niñas nacieron mediante una cesárea programada, a los siete meses de gestación. Debido a los riesgos asociados con un embarazo múltiple de estas características, los médicos dispusieron la derivación de Melany desde la capital santacruceña hacia la Ciudad de Buenos Aires, con el objetivo de garantizar una atención especializada. Afortunadamente, el parto se desarrolló sin mayores complicaciones. Venecia pesó 1,140 kilos; Aitana, 1,150; y Alma, la más pequeña, apenas 910 gramos.

Sin embargo, el nacimiento fue apenas el comienzo de un camino que exigió paciencia, fortaleza y una reorganización familiar. Hoy, además de acompañar el crecimiento de las trillizas, Melany comparte su vida con Aldana, su hija mayor, de 10 años. Entre las exigencias de la crianza, las responsabilidades laborales y las preocupaciones por la salud de las pequeñas, la maternidad adquirió para ella una dimensión completamente nueva.

Las trigemelas idénticas estuvieron en Buenos Aires ganando peso y rodeadas del acompañamiento de su familia, mientras esperaban el regreso a Río Gallegos.

Tres bebés, una noticia inesperada

La historia comenzó con una ecografía que cambió todos los planes. Melany recordó que, cuando acudió al primer estudio, ya sabía que estaba embarazada, pero jamás imaginó que serían tres los bebés en camino.

“Nosotros nos enteramos acá, cuando nos fuimos a hacer la primera ecografía. Ya sabíamos que estábamos embarazados, así que fuimos a hacérnosla y el ecógrafo me dijo que había algo raro. Yo le pregunté qué pasaba, porque no pensé que tuviera que ver con el embarazo, sino que podía ser otra cosa. Entonces me dijo: ‘No, mirá, acá hay tres bolsas’. Yo le pregunté: ‘¿Cómo tres?’. Y me respondió que eran tres bebés. Me quedé impactada porque nunca me imaginé en mi vida que iba a tener trillizas”, relató.

La sorpresa fue enorme tanto para ella como para sus seres queridos. Según contó, al principio quedó “en shock” y su familia tampoco podía creer la noticia. No obstante, la incertidumbre inicial dio paso a la alegría por la llegada de las tres niñas: “Estuvimos bien, así que ahora están ellas tres y estamos felices”.

En aquella primera consulta, la familia supo que esperaba tres bebés. Lo que todavía desconocía era que se trataba de trigemelas idénticas. Esa característica se confirmó más adelante, durante los controles médicos, cuando los profesionales advirtieron que las pequeñas compartían la misma bolsa gestacional. “Antes de irnos a Buenos Aires, los doctores nos habían dicho que sí, que eran gemelas, porque estaban todas en la misma bolsa. Había una pequeña dificultad para determinar si eran separadas o no”, explicó.

Precisamente, las particularidades del embarazo llevaron a los médicos a recomendar una atención de mayor complejidad fuera de Santa Cruz. La derivación implicó alejarse de su hogar, de sus afectos y de la rutina, en un momento en el que la prioridad era preservar la salud de las cuatro.

Una internación prolongada y nuevas cirugías

La estadía en Buenos Aires se extendió durante casi cuatro meses. En ese período, la familia atravesó momentos de preocupación, especialmente por el estado de salud de Alma, quien, debido a su bajo peso al nacer, necesitó mayores cuidados.

La pequeña debió ser intervenida por una persistencia del conducto arterioso, conocido como ductus, una estructura vascular que normalmente se cierra después del nacimiento. En su caso, el cierre no se produjo de manera espontánea y fue necesario realizar una cirugía.

Mientras tanto, Venecia y Aitana pudieron esperar. Sin embargo, con el paso de los meses, los médicos indicaron que ellas también deberán someterse a una intervención, ya que el ductus continúa abierto. “Ahora nos dijeron que tenemos que operarlas a ellas dos porque no se les cerró el ductus. Así que tenemos que volver a Buenos Aires, derivadas nuevamente”, señaló Melany.

Melany Taboada, Carlos Andrade, Aldana, Venecia, Aitana y Alma posan junto a un ejemplar de La Opinión Austral, donde compartieron su historia familiar y los desafíos que atraviesan desde la llegada de las trigemelas. FOTO: VANINA JANCICH / LA OPINIÓN AUSTRAL.

La familia aguarda esa nueva derivación con la esperanza de que todo salga bien. La intervención resulta importante para evitar posibles complicaciones a medida que las niñas crezcan, aunque los riesgos y el procedimiento específico deben ser evaluados por el equipo médico que las atiende: “Es preferible operarlas ahora, que son chiquitas, porque es menos riesgoso que hacerlo cuando sean más grandes. Eso tiene que cerrarse y, como a los seis meses todavía no se les había cerrado, hay que operarlas. Ya tienen nueve meses y estamos esperando”.

A pesar de las dificultades, destacó que las tres pudieron regresar a casa y que esa es, hasta el momento, la mayor tranquilidad para la familia. “Fue difícil, y sigue siendo difícil, pero gracias a Dios todo salió bien. Eso es lo más importante: que las tres ya están acá”, subrayó.

El regreso a Río Gallegos se concretó en marzo. A partir de entonces, comenzó otra etapa: adaptar la vivienda, reorganizar los espacios y encontrar una nueva dinámica para atender las necesidades de las pequeñas. “Fue un caos venirnos para acá. Estábamos preocupados y recibimos llamados de otros lados. Para nosotros era algo nuevo y tampoco queríamos que todo fuera tan público. Después tuvimos que acomodarnos, nos cambiamos de casa y estuvimos haciendo todo para que ellas tuvieran un lugar mejor”, rememoró.

“Nos faltan manos, pero ellas nos llenan de felicidad”

La maternidad no es una experiencia nueva para Melany. Antes de la llegada de las trillizas, ya había criado a Aldana, que hoy tiene 10 años. De todas formas, reconoció que las circunstancias son diferentes y que la experiencia acumulada no elimina los desafíos que implica cuidar a tres bebés al mismo tiempo.

La crianza de su hija mayor, a quien tuvo como madre soltera, le dejó aprendizajes que hoy aplica en esta nueva etapa. Aun así, la rutina exige una entrega constante, especialmente porque también debe cumplir con sus responsabilidades laborales: “Con ellas es un poco más tranquilo, pero al mismo tiempo es muy cansador. Aparte, yo trabajo y todo se vuelve más complicado. Son otros desafíos. Es como volver a empezar, porque no es lo mismo”.

El día a día combina tareas que se multiplican por tres: alimentarlas, cambiarlas, calmarlas cuando lloran y prestar atención a las necesidades particulares de cada una. A eso se suma el desafío de encontrar momentos de descanso en una jornada que parece no terminar. “Son tres y hay que volver a empezar todo de vuelta. El día a día es cansador, pero igual es lindo porque sus risas nos llenan. Es agotador porque nos faltan manos, muchas manos. Por ahí lloran, hay que cambiarles el pañal, darles de comer y se hace difícil. Pero también es hermoso”, contó.

La falta de manos se vuelve especialmente evidente cuando las tres necesitan atención al mismo tiempo. En esos momentos, la organización y la paciencia se convierten en herramientas indispensables para atravesar cada jornada. “Si tenemos a una en brazos, las otras lloran. Si le estamos dando más atención a una, las demás también la reclaman. Quieren que estemos con todas”, dijo entre risas.

Aunque son idénticas, las bebas tienen personalidades bien definidas. Cada una manifiesta sus necesidades de una manera particular y, con el paso de los meses, esas diferencias comenzaron a hacerse más evidentes. “Son iguales, pero diferentes. Hay una que llora más, otra menos y otra es más seria. Venecia es la más seria; Aitana es la que más llora y Alma es como que llora, se ríe, pero es más tranquila. Nosotros pensábamos que Alma, por ser la más chiquita, iba a ser la más terrible, pero no: se porta mejor que sus hermanas”, admitió la mamá.

“Lo mejor de ser mamá es tenerlas a ellas”

La llegada de las pequeñas modificó igualmente la manera en que Melany entiende la maternidad. Si bien ya tenía experiencia criando a Aldana, reconoce que atender a cuatro hijas implica aprender constantemente y desarrollar una paciencia que se pone a prueba a diario.

“He aprendido a ser más paciente. Hay que tener mucha paciencia con los hijos, y más cuando son tres bebés que lloran. Cuando tienen hambre, se ponen a llorar las tres; a veces, cuando hay que cambiarles el pañal, también les pasa al mismo tiempo. Me demostraron que hay que ser más paciente”, reflexionó.

Lejos de idealizar la crianza, la vecina de Río Gallegos aseveró que la exigencia es enorme. Cada jornada trae nuevos desafíos y obliga a resolver situaciones simultáneas, sin perder de vista las necesidades de cada niña: “Es complicado, aunque uno diga: ‘No, es fácil’. No, no es fácil. Ya con uno es difícil; imaginate con cuatro, porque yo tengo cuatro, en verdad. Pero estamos felices y queremos que ahora puedan operar a las otras dos y que todo salga bien”.

Asimismo, en medio de las preocupaciones médica, las pequeñas le regalan momentos que compensan cualquier dificultad. Las sonrisas, los gestos y la alegría de reencontrarse después de una jornada laboral se transformaron en una fuente cotidiana de energía. “Es lindo llegar a tu casa y que estén tus hijas. Me siento más contenta, más feliz”, recalcó.

Al pensar en lo mejor de ser madre, no necesitó elaborar una respuesta extensa ni buscar grandes palabras. Para ella, la felicidad está en compartir la vida con sus cuatro hijas, acompañarlas en cada etapa y verlas crecer, incluso cuando el camino presenta obstáculos. “Lo mejor de ser mamá es tenerlas a ellas”, aseguró.

Antes de concluir la entrevista, agradeció a quienes la acompañaron durante los meses más difíciles y siguen presentes en esta etapa familiar. “Gracias a todas las personas que me han ayudado y que han estado ahí. Eso es muy valioso para nosotros”, concluyó.

En este Día de la Madre, la historia de Melany refleja una maternidad atravesada por desafíos extraordinarios, decisiones difíciles y una entrega que se renueva cada día. Entre la espera por las próximas cirugías, las demandas de tres bebés y el crecimiento de Aldana, su mayor deseo es que sus hijas estén bien. Porque, aunque a veces falten manos y sobren preocupaciones, el amor que encuentra al regresar a casa sigue siendo su motor diario.

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