En 2013, una joven de Argentina de 18 años tomó una decisión que le cambió la vida a un niño de Ecuador.
“Empecé a donar sangre porque mi papá falleció de cáncer de colon cuando yo tenía 17 años. Cuando tenía 18, una chica que conocíamos con mis hermanas estaba publicando que necesitaba donantes de sangre para su papá que tenía cáncer. Esta chica me dijo: ‘No sabes, gordita, lo complicado que es conseguir donante’. Me generó empatía la situación”, explicó Aldana Quiroz (31) a La Opinión Austral.
A los tres meses, cuando regresó al Centro Regional de Hemoterapia de Río Gallegos para realizar una nueva donación, el técnico Javier Gómez la invitó a inscribirse en el Registro Nacional de Donantes Voluntarios de Células Progenitoras Hematopoyéticas (CPH), más conocido como el registro de donantes de médula ósea.
Cómo ser donante
La inscripción en el registro nacional se puede realizar donando sangre en un servicio de hemoterapia o banco de sangre que esté habilitado como centro de captación de donantes o en un centro de captación por hisopado. También se puede hacer en las colectas externas y en los registros móviles de todo el país.
Hay dos métodos, la donación de sangre y el hisopado de mucosa bucal (NdR. En Santa Cruz, no está disponible el método de hisopado), en ambos casos hay que completar un formulario con información personal. Además, el donante debe autorizar la toma de una muestra para analizar el código genético que se utilizará para comparar la compatibilidad con las personas que necesiten un trasplante.

“Después de seis años, me llamaron. Nadie lo creía porque a veces pasas toda la vida sin que te llamen, sin ser compatible con alguien”, comentó.
Aldana estaba estudiando en La Plata cuando recibió un mail. “No caía, dije: ‘¿Tan rápido?’. Me acuerdo que justo nos tocó un break y recibí un llamado de un número con prefijo 011 y me dicen: ‘Te estamos llamando del INCUCAI’, rompí en llanto porque fue mucha felicidad, fue mucha la emoción”, compartió.
“Cuando te llaman, te vuelven a preguntar si todavía querés ser donante de médula ósea, le dije que sí, que estaba dispuesta. Ahí, me comentaron que era un bebé de 8 meses y que era de Ecuador, esa fue la única información que me brindaron”, señaló.
Para la primera etapa, la citaron en el Hospital de Niños de La Plata, donde le tomaron muestras de sangre.
“Me dijeron que esas primeras muestras iban a viajar a Estados Unidos para ver todo tu código genético y que no tenga ninguna enfermedad preexistente y que se la puedas transmitir al receptor”.
A los 15 días, como le habían anticipado, la contactaron nuevamente y le confirmaron que era apta para la donación y nuevamente le preguntaron si quería avanzar en la donación.
En la segunda etapa fue citada al Instituto Fleming en Ciudad de Buenos Aires, donde le realizaron estudios completos, de los cuales le entregaron copias.
“Podés ayudar a alguien que está entre la vida y la muerte”.ALDANA QUIROZ
“Entré al Instituto Fleming y parecía que había entrado la presidenta, me metieron acá, allá, no me hicieron esperar un minuto, vas con un acompañante del INCUCAI”, indicó y sobre cómo fue esa jornada, manifestó “estaba súper emocionada, ansiosa de que todo saliera bien. Siempre fui consciente de que gozaba de muy buena salud, nunca fumé, no tomaba alcohol, siempre tuvo una vida muy sana así que me tenía fe de que todo iba a salir bien”.
En simultáneo, también le llegaban comentarios sobre supuestos riesgos de ser donante. “Había gente que decía: ‘Vas a quedar inválida, vas a quedar cuadripléjica’, un montón de cosas se decían, pero nunca tuve miedo porque siempre pensé que si te ofrecen ser donante, no es para hacerte un daño a vos mismo. Además, podés ayudar a alguien que está entre la vida y la muerte”, expuso.
“A esta mamá le dijeron: ‘La única solución es encontrar un donante de médula ósea, sino tu hijo se muere’ y para una madre que le digan es de su hijo de ocho meses, es muy fuerte”.
Dar vida
La fecha de extracción se fijó para el 21 de noviembre de 2019 en el Instituto Fleming. Desde el día de los estudios en el Instituto Fleming hasta el de la extracción, el INCUCAI se mantuvo en comunicación constante con Aldana.
Sobre los métodos para concretar la donación, explicó: “La donación por sangre periférica que es a través de una máquina (de aféresis), te sacan sangre desde un brazo, pasa por la máquina, deja las células madres y retornan el resto de los componentes a tu cuerpo. Y después, la punción en quirófano. La gente cree que es por la espina y no es así”.
Para la donación por punción, la persona recibe anestesia general y se extrañen las células mediante punciones en las crestas ilíacas, que son los huesos grandes de la cadera.

Dada la urgencia del caso, le recomendaron la periférica para la cual previamente se le aplicaron inyecciones durante varios días que tienen como objetivo estimular la salida de las células de la médula ósea al torrente sanguíneo.
Sobre cómo recibió la noticia su entorno, recordó: “Cuando les conté a mis hermanos, a mi mamá, todos se largaron a llorar porque era mucha la emoción de poder ayudar a alguien y más un bebé que estaba recién empezando su vida. Mis allegados me apoyaron muchísimo porque sabían que para mí era primordial y más por el significado que tenía para mí y por lo que había vivido, si mi papá lo hubiese necesitado, me hubiese gustado que le donaran”.
El día de la extracción, la acompañó su tía Stella. “A mí me tocó donarle a un bebé entonces la donación podía durar entre una a cuatro horas, pero como el bebé era chiquito, no necesitaba tanto, mi donación fue de dos horas. Si es una persona adulta ya son cuatro horas de donación”, señaló.
“Si mi papá lo hubiese necesitado, me hubiese gustado que le donaran”.ALDANA QUIROZ
“Podés estar usando el teléfono, sólo que tenés que estar acostado. El tiempo se me pasó volando entre charla y charla, le hacés preguntas a los médicos y ellos te explican, super amable la atención de los enfermeros”, destacó.
Los días que le siguieron a la extracción, INCUCAI se mantuvo en contacto con Aldana para conocer cómo se encontraba. Además, manteniendo la confidencialidad, le informaron que el receptor había recibido la donación.
Sobre la confidencialidad, Aldana recordó que “el receptor puede rechazar la donación entonces, antes de emocionarse y de conocerse, se mantiene la reserva. Después de un año de la donación, si las dos partes aceptan conocerse, se pasan los datos a través de INCUCAI. Si la otra persona no te quiere conocer en el caso que fuese un adulto, vos tenés que aceptar, han habido casos en los que no se han conocido”.
“En este caso era un niño, pero si es una persona adulta o adolescente que pasó por algo supertraumático, por ahí, conocer al donante, remueve todos esos sentimientos, esto me explicaba la gente del INCUCAI”, añadió.
Conocer a Julián
Al cumplirse un año y un mes del trasplante, Aldana se comunicó con el INCUCAI para preguntar si la familia del receptor estaba dispuesta a que se contacten. Tras confirmarse el interés de ambas partes, pudo saber que el niño se llamaba Julián y su mamá, Kenia, y que vivían en Quito.
Cuando se comunicaron, la santacruceña supo cómo había sido la situación. Julián había sido diagnosticado con Síndrome displasico en etapa leucémica.
“En Ecuador le habían dicho que no había solución para la enfermedad de su hijo, que no tenían nada para hacer. Ella empezó a publicar en redes sociales y se contacta alguien del INCUCAI y le dice: ‘En Argentina, tenemos la posibilidad de poder ayudar a tu hijo, nosotros te ayudamos con el tema de los vuelos, pero vos te tenés que venir’. Ella me dijo: ‘A mí me dijeron que mi hijo tenía que esperar a que se muriera’”.
“Su cuerpito generaba células madres malignas y por ende salían células hijas malignas y su organismo estaba necesitando células para poder regenerar sangre, para un montón de cosas y no tenía donde sacar, entonces el nene se iba apagando”, manifestó.
Poder conocerse con Kenia y Julián fue “un llanterío, fue superemocionante. Los primeros mensajes, mandarnos fotos de cómo éramos porque no sabíamos, así que nos empezamos a contar todo cómo había sido de mi lado y cómo ellos lo habían vivido”.
“Me congrego en una iglesia y en la iglesia siempre te inculcan esto de la Biblia lo dice de ayudar al prójimo y eso también fue algo que sembró en mí y pensé por qué no ayudar al otro. Pasado un año, el nene podía haber tenido miles de recaídas y no tuvo absolutamente nada. Julián anduvo como si nada hubiese pasado y eso es lo que a Kenia le llamaba tanto la atención y decía: ‘Qué increíble, qué bendición’. Y le comenté que para mí fue mucha bendición, yo sabía que le iba a mandar unas celulitas buenas y bendecidas. Para mis conocidos también fue superemocionante”, expresó.
“Me largaba a llorar, no lo podía hablar, era algo que me emocionaba tanto y que me llenaba”, reconoció.
Cuando regresó a Ecuador, Julián tocó por primera vez el agua del mar. Posteriormente, en uno de los controles, Kenia le preguntó al pediatra por lo inquieto que es su hijo. “Dice que el médico le dijo: ‘Pregúntale a la donante cómo es porque seguramente por ahí debe venir’. Y me entré a reír y le dije, que nosotros de familia somos re inquietos, vamos, venimos, andamos haciendo mil cosas a la vez. Ella siempre le dice que él tiene a su ángel en Argentina. A veces hacemos videollamada y el nene me reconoce. Tenemos el deseo de algún día poder conocernos personalmente”.
En el Día Mundial del Donante de Médula ósea, invitó a “todas aquellas personas que estén interesadas, si tienen alguna duda o algún mito que hayan escuchado, acérquense al centro de hemoterapia de Río Gallegos o a cualquier centro, si tienen dudas, vayan y pregunten”.
“Anímense porque hay muchos julianes en el mundo que necesitan ser salvados con una simple decisión de donar médula ósea”, finalizó.
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