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Los pozones son depresiones del lecho de un río que pueden alcanzar profundidades considerables en distancias muy cortas. Aunque desde la superficie algunos sectores parecen tranquilos y seguros, las irregularidades del fondo, las corrientes y la temperatura del agua pueden dificultar que una persona haga pie, se mantenga a flote o regrese hacia la orilla.
La desaparición de dos hermanos de 10 y 12 años en el sector conocido como La Toma, en Palermo Aike, a la altura de la Ruta Nacional N.º 40, volvió a poner en primer plano los riesgos de ingresar a cursos de agua que no están habilitados para actividades recreativas. Los niños fueron arrastrados por la corriente el domingo 25 de octubre, mientras se encontraban en el río Gallegos junto a otros dos adolescentes, que lograron salir del agua.
Desde el Ministerio de Seguridad de Santa Cruz advirtieron sobre la peligrosidad del sector por la presencia de pozones. Mientras continúa la búsqueda, especialistas en rescate y organismos de emergencia trabajan en una zona donde las condiciones del cauce representan un desafío para las tareas acuáticas.
Qué es un pozón y por qué puede ser peligroso
Un pozón es una depresión del lecho de un río en la que el fondo desciende y genera un sector de mayor profundidad respecto de las áreas cercanas. Puede formarse por la acción de la corriente, que erosiona el terreno y modifica progresivamente la estructura del cauce.
Estas formaciones pueden encontrarse en curvas, cerca de obstáculos naturales o en sectores donde la dinámica del agua produce una mayor erosión del fondo. Su profundidad y extensión varían según las características del río, el tipo de sedimento y la fuerza de la corriente.
Uno de los principales riesgos es que la profundidad no aumenta necesariamente de manera gradual. Una persona puede caminar por un sector donde el agua apenas le llega a las rodillas y, a pocos pasos, encontrarse con una caída pronunciada que le impida hacer pie.
Esta transición puede resultar especialmente peligrosa para los niños, que tienen menor capacidad para sostenerse frente a una corriente intensa y pueden perder rápidamente el control si quedan sumergidos.
Además, la apariencia de la superficie no permite determinar con certeza qué profundidad tiene el agua. Un tramo que parece tranquilo puede ocultar un desnivel importante o movimientos que dificulten el desplazamiento hacia la costa.
Corrientes y remolinos: qué ocurre debajo de la superficie
La circulación del agua en un río no es uniforme. La velocidad y la dirección de la corriente pueden cambiar según la profundidad, la forma del cauce y los obstáculos que encuentra el agua.
En las depresiones del lecho pueden generarse turbulencias y movimientos circulares que dificultan el desplazamiento de una persona. También pueden existir corrientes transversales o descendentes asociadas a determinadas condiciones del cauce.
Sin embargo, no todos los pozones producen un efecto de succión ni funcionan como un embudo que arrastra inevitablemente a quien cae. El riesgo depende de la configuración del fondo, la intensidad de la corriente y las condiciones particulares del río.
Cuando una persona pierde pie en una zona profunda, la corriente puede alejarla de la orilla y dificultar que recupere una posición estable. Si además queda sumergida o intenta nadar contra el movimiento del agua, puede agotarse rápidamente.
La situación se agrava cuando el agua tiene una temperatura muy baja, porque la respuesta inicial del organismo puede afectar la respiración y la coordinación de los movimientos.
Cómo reconocer un posible pozón desde la costa
No existe una señal visual que permita identificar con certeza todos los pozones. La apariencia del agua puede ofrecer indicios, pero la profundidad y las corrientes ocultas no siempre son visibles desde la superficie.
Aun así, hay características del río que pueden advertir sobre posibles cambios en el lecho.
Cambios en el color del agua. En algunos sectores profundos, el agua puede verse más oscura porque llega menos luz al fondo. Sin embargo, el color también depende de la turbidez, los sedimentos, la iluminación y el reflejo del cielo, por lo que no constituye una prueba concluyente de profundidad.
Variaciones en el movimiento superficial. Un tramo con ondas, espuma y corriente visible puede dar paso a otro de superficie más lisa. Esa diferencia puede estar relacionada con cambios en la profundidad o en la velocidad del agua, aunque una superficie tranquila no garantiza que exista un pozón ni que el sector sea seguro.
Espuma y objetos que giran. Si hojas, ramas pequeñas o espuma permanecen dando vueltas en un mismo lugar, puede haber circulación local o remolinos. Estas señales merecen precaución, pero tampoco permiten determinar por sí solas la forma del fondo.
Curvas pronunciadas del río. En muchas curvas, la corriente erosiona con mayor intensidad la margen exterior y puede formar sectores profundos. La orilla interior suele acumular sedimentos, aunque la configuración varía de un río a otro.
Cambios en la forma del cauce. Las zonas donde el río se ensancha, se estrecha o encuentra obstáculos pueden presentar variaciones en la velocidad y dirección del agua, así como desniveles en el fondo.
Estas señales sirven para comprender por qué un curso de agua puede ser peligroso, pero no reemplazan la señalización ni las indicaciones de las autoridades. La ausencia de espuma, remolinos o cambios de color no significa que un sector sea apto para bañarse.
El agua fría también aumenta el riesgo de ahogamiento
La temperatura es otro factor determinante en los ríos de la Patagonia. El contacto repentino con agua fría puede provocar una respuesta fisiológica conocida como choque por frío, que incluye una inspiración involuntaria y un aumento brusco de la frecuencia respiratoria.
Si la persona está sumergida o pierde el control de la respiración, esta reacción puede favorecer la entrada de agua en las vías respiratorias. El frío también puede afectar progresivamente la fuerza muscular, la coordinación y la capacidad para nadar.
No todos los pozones tienen necesariamente agua más fría en el fondo que en la superficie. La temperatura depende de las condiciones ambientales, el origen del agua y la circulación del cauce. Sin embargo, ingresar a un río de baja temperatura representa un riesgo incluso cuando la profundidad parece manejable.
En una emergencia, la combinación de agua fría, corriente y pérdida inesperada de apoyo puede reducir las posibilidades de que una persona alcance la orilla por sus propios medios.
Por qué los niños son especialmente vulnerables
Los niños pueden quedar expuestos a mayores riesgos cuando ingresan a un río sin conocer las características del fondo. Un cambio repentino de profundidad puede hacer que pierdan pie y que la cabeza quede debajo del agua.
La reacción de pánico, la dificultad para mantener las vías respiratorias fuera de la superficie y el agotamiento pueden agravar rápidamente la situación. Saber nadar tampoco garantiza que una persona pueda salir de una corriente fuerte o de un sector profundo.
Por eso, la supervisión permanente de los adultos es fundamental. Mantener a los niños al alcance inmediato, evitar que ingresen en sectores no habilitados y respetar los carteles preventivos son medidas centrales para reducir los riesgos.
En el caso de Palermo Aike, las autoridades recordaron que el sector presenta peligros asociados a la presencia de pozones y solicitaron a la población que respete las advertencias.
Qué hacer si una persona cae en un pozón
Ante una emergencia en un río, la prioridad es pedir ayuda y evitar que el intento de rescate genere nuevas víctimas. Ingresar al agua sin preparación puede poner en peligro también a quien intenta auxiliar a la persona.
La primera medida es alertar a los servicios de emergencia y proporcionar la ubicación más precisa posible. Si hay otras personas en el lugar, es importante pedir colaboración sin perder de vista a la víctima.
Cuando las condiciones lo permiten, se puede intentar ayudar desde una posición segura en la costa mediante un elemento largo, como una rama firme o un remo, o arrojando un objeto flotante al que la persona pueda sujetarse. No hay que acercarse a un borde inestable ni exponerse a ser arrastrado al agua.
Si la víctima está fuera del alcance de estos elementos o la corriente es intensa, corresponde esperar a los rescatistas especializados. No se recomienda lanzarse al río sin formación y equipamiento adecuados, porque la persona que intenta ayudar también puede quedar atrapada en la corriente.
Una vez que la víctima está fuera del agua, es necesario comprobar si responde y si respira normalmente, protegerla del frío y solicitar asistencia médica urgente. Si no respira normalmente, se deben iniciar maniobras de reanimación cardiopulmonar siguiendo las indicaciones del servicio de emergencias o de una persona capacitada.
Palermo Aike: un operativo de búsqueda en una zona de riesgo
La desaparición de los dos hermanos en el río Gallegos activó el domingo un amplio despliegue de seguridad y rescate en el sector de La Toma, sobre la Ruta Nacional N.º 40.
El alerta ingresó alrededor de las 16 a través del sistema de emergencias 911. Según la información publicada por La Opinión Austral, los niños estaban en el agua junto a otros dos adolescentes, de 14 y 15 años, cuando la corriente comenzó a arrastrarlos. Los dos jóvenes lograron salir, pero los hermanos desaparecieron de su vista.
En las tareas participan efectivos de la Policía de Santa Cruz, Bomberos, el Grupo Especial de Rescate y Salvamento (GERS), Protección Civil, personal sanitario y distintas dependencias de seguridad. El operativo incluye procedimientos de búsqueda acuática y rastrillajes por las márgenes del río.
La subsecretaria de Protección Civil y Abordaje Integral de Emergencias y Catástrofes, Sandra Gordillo, informó que los trabajos se desarrollaron durante la noche y que las tareas en el agua se retomaron a las 5:30 de este lunes, de acuerdo con el protocolo de seguridad vigente.
Desde el Ministerio de Seguridad también solicitaron a los vecinos que se alejen del área para facilitar las maniobras de los rescatistas y evitar complicaciones en los accesos.
La emergencia volvió a poner el foco en la prevención y en la necesidad de respetar las advertencias sobre los sectores peligrosos de los ríos. Los pozones pueden ser difíciles de reconocer desde la costa y sus condiciones pueden cambiar, por lo que la recomendación fundamental es no ingresar a zonas no habilitadas y seguir siempre las indicaciones de las autoridades.
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