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La celebración de las fiestas patronales de San Cayetano estuvo atravesada por un mensaje centrado en la necesidad de construir una sociedad más justa y equitativa, pero también en la responsabilidad personal de cada integrante de la comunidad. En su homilía, el sacerdote Luis Hetze, remarcó que las dificultades económicas, las desigualdades y la pobreza no deben llevar al resentimiento, sino a fortalecer la solidaridad y el compromiso con el prójimo.

“Donde tengan su tesoro, tendrán también su corazón”

Durante la celebración, la lectura del Evangelio de San Lucas puso el foco en el llamado de Jesús a no temer y a orientar la vida hacia aquello que verdaderamente tiene valor.

“Donde tengan su tesoro, tendrán también su corazón”, expresa el pasaje bíblico utilizado durante la celebración. A partir de esa enseñanza, el sacerdote reflexionó sobre la relación entre la riqueza material y la riqueza espiritual.

Explicó que ordenar la vida en torno a Dios permite también orientar las acciones cotidianas hacia el bien, con una mirada puesta en la justicia, la equidad y la alegría.

“Cuando uno ordena su vida a Dios, cuando uno tiene esa riqueza que es Dios y está en contra de esa pobreza espiritual que es la falta de la gracia de Dios, todas las cosas se ordenan para el bien”, sostuvo durante la homilía.

En ese sentido, señaló que la búsqueda de una sociedad más justa no puede limitarse a reclamar soluciones externas, sino que debe comenzar también por las conductas individuales.

El ejemplo de la Madre Teresa de Calcuta

Uno de los momentos centrales de la homilía estuvo dedicado al ejemplo de la Madre Teresa de Calcuta.

El sacerdote recordó una anécdota vinculada con la realización de una película sobre la religiosa y contó que los actores que participaron de la producción viajaron a Calcuta para conocer el trabajo que desarrollaban las Hermanas de la Caridad.

Según relató, quienes llegaron al lugar quedaron sorprendidos por la alegría de las personas que vivían allí pese a las enormes dificultades materiales.

La reflexión apuntó a diferenciar la alegría cristiana de la ausencia de necesidades. “Y esa alegría no es que reemplazaba el dinero o las necesidades materiales, sino que le daba sentido a su vida. En la pobreza o en la riqueza nos da sentido a la vida, la presencia de Dios”, afirmó.

Para el sacerdote, la fe no implica desconocer las necesidades materiales ni las situaciones de injusticia, sino encontrar desde allí una manera distinta de afrontarlas.

Comenzó la celebración de San Cayetano en la Iglesia de Río Gallegos. FOTO: JOSÉ SILVA/LA OPINIÓN AUSTRAL.

El pedido por una Argentina con más justicia

En otro tramo de su mensaje, llamó a rezar por el país y por la solución de las situaciones de pobreza y desigualdad que afectan a la sociedad.

Pero también advirtió sobre el riesgo de que la exposición permanente de las injusticias genere respuestas alejadas de la solidaridad.

“Por eso es bueno en estos momentos no solo pedir en nuestra patria para que haya más justicia, para que no haya pobreza, que no haya desigualdades y todas las cosas que todos conocemos que están sucediendo y hace muchos años están pasando”, señaló.

Y agregó: “Sino que elevemos el alma a Dios porque si no nos puede pasar eso de que al mostrar solamente la injusticia o las inequidades que hay, fomenta o puede fomentar nosotros, no el apoyo al prójimo y la generosidad, sino el egoísmo, el resentimiento o incluso el odio”.

La advertencia estuvo vinculada directamente con la necesidad de que el reclamo por una sociedad más justa no pierda de vista la solidaridad individual.

“Tenemos que ser ese pequeño rebaño”

A partir del Evangelio, el sacerdote también habló sobre la figura del “pequeño rebaño”, como referencia a quienes buscan mantenerse fieles a las enseñanzas de Cristo.

Explicó que no alcanza con identificarse formalmente como cristiano o católico, sino que esa pertenencia debe reflejarse en las acciones.

“Puede haber muchos que se llamaban judíos de la época de Cristo y se puede haber muchos ahora que se llamen católicos, cristianos, pero no tantos siguen a Cristo porque viven como si Dios no existiera”, planteó.

Y completó: “Por eso tenemos que ser ese pequeño rebaño, ese pequeño grupo fiel al Señor, pobre y humilde que lo sirve sirviendo también al prójimo”.

Comenzó la celebración de San Cayetano en la Iglesia de Río Gallegos. FOTO: JOSÉ SILVA/LA OPINIÓN AUSTRAL.

La generosidad como punto de partida

Uno de los conceptos más fuertes de la homilía estuvo relacionado con la generosidad y la responsabilidad personal.

Al recordar nuevamente el ejemplo de los primeros cristianos, señaló que aquellos grupos compartían sus bienes frente a las dificultades y procuraban que no hubiera personas necesitadas dentro de la propia comunidad.

También destacó que una de las características que llamaba la atención de quienes no eran cristianos era la capacidad de los primeros seguidores de Cristo de hacer el bien incluso a quienes los perseguían.

“Saber dar incluso al que no piensa como uno o al que no le agradece a uno y al que no es amable, podríamos decir, o al que tiene mal aspecto o al que socialmente uno puede excluir, es al que tenemos que recibir y al que tenemos que atender”, expresó.

De esta manera, el mensaje puso el acento en una generosidad que no dependa de recibir algo a cambio.

La dura reflexión sobre el egoísmo

En otro de los pasajes centrales, el sacerdote retomó una frase atribuida a la Madre Teresa de Calcuta para responder a la pregunta sobre cuál sería el mayor mal del mundo.

Recordó que, frente a la posibilidad de mencionar guerras, matanzas, tiranías u otras situaciones de violencia, la religiosa habría señalado al egoísmo como uno de los principales problemas.

“Lo más grave del mundo es tu egoísmo y mi egoísmo que hace que no haya generosidad”, citó durante la homilía.

A partir de esa idea, sostuvo que la construcción de una sociedad más justa debe comenzar en los espacios cotidianos.

“Por eso, para empezar con esa justicia que todos queremos o con esa equidad, tenemos que empezar por casa”, afirmó.

Y enumeró distintos ámbitos en los que, según su planteo, debe expresarse esa actitud: la familia, el trabajo, la escuela, la comunidad, el barrio y el club.

“Cada uno tiene que ser generoso con lo que tiene en su familia, en su trabajo, en la escuela, en la comunidad, en el barrio, en el club, en todos los lugares tenemos que vivir el evangelio”, remarcó.

El ejemplo de San Cayetano

La figura del patrono también ocupó un lugar central en la reflexión.

El sacerdote recordó que San Cayetano pertenecía a una familia acomodada y que decidió dejar esa vida para dedicarse a Dios y a las personas necesitadas.

“San Cayetano nos da el ejemplo de cómo tenemos que compartir. Él era una familia acomodada, de buen vivir como vivían ahora y dejó todo por amor a Dios y a los necesitados”, señaló.

También destacó su compromiso con la vida religiosa y la celebración de la misa, al remarcar la importancia de que los fieles no se acerquen a San Cayetano únicamente el 7 de agosto para pedir por el pan y el trabajo.

En ese sentido, recordó la importancia de la participación en los sacramentos y de concurrir a misa todos los domingos.

Pan, trabajo, familia y paz

Hacia el final de la homilía, el mensaje volvió sobre uno de los pedidos tradicionales asociados a San Cayetano: el pan y el trabajo.

Sin embargo, planteó que el concepto de providencia es mucho más amplio y comprende otras dimensiones de la vida.

“San Cayetano, por ejemplo, es el patrono de la providencia. Por eso es el pan y el trabajo. La providencia es más que el pan y el trabajo, es eso, más la familia, más la patria, más la paz, más todo lo que necesitamos para algún día alcanzar el cielo”, expresó.

También invitó a los fieles a pedir por las necesidades materiales, aunque bajo una condición: que aquello que se solicita contribuya al bien y a la salvación.

“Tenemos que pedir más, incluso cosas materiales, tenemos que pedir todo, pero condicionalmente”, sostuvo.

Salvación eterna

En el cierre de su reflexión, el sacerdote planteó que las personas pueden pedir por sus necesidades concretas, pero que el pedido fundamental debe estar orientado a la vida espiritual.

¿Cuál es esa condición? Si eso que estoy pidiendo es para mi salvación eterna”, explicó.

Y agregó: “O sea, me ayuda a vivir mejor, a ser más generoso y a salvarnos. Y si no, no. Y lo que sí tengo que pedir incondicionalmente es la salvación eterna”.

Con ese mensaje concluyó una homilía que, en el marco de las fiestas patronales de San Cayetano, vinculó la fe con las necesidades concretas de la sociedad y puso el foco en la justicia, la solidaridad, el trabajo y la responsabilidad individual.

El llamado final fue a no esperar únicamente soluciones externas y a comenzar por las acciones cotidianas: compartir, ayudar al otro, evitar el egoísmo y mantener la mirada puesta en quienes atraviesan mayores dificultades.

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