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Hace un año, el santacruceño Juan Chili Obando escribió un texto al que tituló “Te odio Francisco”. En él compartía sin tapujos su inmenso cariño por el papa.

Con el tiempo, reveló que -mediante cartas y llamadas- había mantenido una comunicación fluida con Francisco. “Creo que lo que más me sorprendió de Francisco es lo humano, lo sencillo que era. Me preguntaba como estaba, por mi salud, estaba muy atento a que me cuide, preguntaba por mi familia”, recordó a La Opinión Austral.

Creo que él no entendía lo importante que era mundialmente. Hacía preguntas muy del día a día, era un tipo muy sencillo y lo que más me sorprendió era la sencillez que transmitía y lo importante que te hacía sentir, cuando hablabas con él te perdías en la charla. Después de que colgaba el teléfono, le enviaba una carta o leía las que enviaba, me daba cuenta con quién hablaba estaba hablando con el papa Francisco“, reflexionó.

Me hacía sentir fue como una especie de abuelo“, intentó explicar.

Consultado sobre qué siente que le dejo ese vínculo, fue concreto: “Cercanía“.

“Para un riogalleguense, que a veces nos sentimos muy fuera de todo, muy lejos de todo lo trascendental, que todo lo importante está en otro lado, mínimamente en Buenos Aires y de ahí al mundo, el poder hablar con una de las personas más importantes de nuestra historia, el argentino más influyente por lejos, una de las personas más importante del mundo, me hacía pensar: ‘Qué chico que es el mundo’ y qué accesible es también para nosotros poder entablar un vínculo con él”, explicó.

“En un mundo que colecciona muros, Francisco fue estas puertas: una para creer, una para cuidar, una para abrazar y una para dejarnos amar”.

“Para mí, Francisco no es solamente el tipo de blanco de la estampita, es esa persona que me hacía sentir tan cerca de él, puedo dar fe que ese papa de los gestos sencillos es él, lo pude vivir en carne propia”, afirmó.

Obando también pensó en los frutos que con el paso del tiempo dará el papado de Francisco. “Para que la semilla crezca y se convierta en árbol, la semilla muere y Francisco fue semilla. En el tiempo, iremos descubriendo cosas. Ya vemos diferencias con respecto a León, ¿cómo estaría el mundo con la presencia de Francisco?”.

“Quizás lo que nos dejó a todos, tanto al que estuvo cerca como al que no, son las cuatro encíclicas que hablan de la fe, la tierra, el otro y el amor, esas cuatro cosas. En un mundo que colecciona muros, Francisco fue estas puertas: una para creer (Lumen fidei), una para cuidar (Laudato si), una para abrazar (Fratelli tutti) y una para dejarnos amar (Dilexit)”, concluyó.

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