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La presidenta de la Cámara de Comercio de los Estados Unidos en la Argentina (AmCham), Mariana Schoua, advirtió este jueves sobre el “riesgo” de “perder continuidad” en el sendero de la estabilidad regulatoria y el equilibrio fiscal, condiciones que consideró necesarias “para que las inversiones se concreten”.

Al disertar durante la apertura del Energy Forum, organizado por la entidad, Schoua destacó que la Argentina logró “recuperar la credibilidad”, aunque señaló que el nuevo desafío consiste en transformarla en “desarrollo federal”, de manera que pueda “verse y sentirse en cada parte del territorio”.

En su última participación como titular de AmCham —será reemplazada en la Presidencia por Gabriela Renaudo—, se refirió a la “profunda recomposición” del sistema energético global, en el que la Argentina adquirió un protagonismo central al “pasar de importar energía a ser un exportador”.

Según planteó, esta situación “representa una oportunidad histórica” para un país que cuenta con “atributos que muy pocos pueden exhibir”, entre ellos ser productor y exportador de hidrocarburos y, además, el “único en América Latina con crecimiento proyectado de gas hacia 2035”, así como integrar con Bolivia y Chile el “triángulo de litio”.

Desde su posición al frente de una entidad con vínculos directos con Estados Unidos, resaltó el “diferencial argentino”, sintetizado en tres factores: “recursos, previsibilidad y alineamiento estratégico”.

El desafío de convertir la credibilidad en desarrollo

“Hicimos algo que hace mucho tiempo parecía difícil, como recuperar credibilidad, ahora empieza una etapa más compleja, que es transformar la credibilidad en desarrollo federal, que pueda verse y sentirse en cada parte del territorio”, enfatizó.

En esa línea, reclamó “entender los tiempos y condiciones“, dado que “el desarrollo energético requiere inversiones muy grandes con períodos que exceden un gobierno”.

La continuidad como condición para las inversiones

Por otra parte, alertó sobre “uno de los principales riesgos que enfrentamos”, vinculado con “perder continuidad en el camino de la estabilidad regulatoria y el equilibrio fiscal“, dos condiciones que, sostuvo, “necesitan consolidarse para que las inversiones se concreten”.

Schoua no precisó si el “riesgo” al que hizo referencia está relacionado con eventuales cambios ante la posibilidad de un gobierno de otro signo político o con modificaciones dentro de la actual gestión del presidente Javier Milei.

Infraestructura y coordinación entre sectores

En otro orden, instó a mejorar la infraestructura y la logística “de la manera más rápida, eficiente y ordenada posible”. Según explicó, esa tarea requiere de la “coordinación entre Nación, provincias, municipios y el sector privado, cada uno respetando su rol”.

En ese sentido, planteó como desafíos “cómo construimos a tiempo las infraestructuras, que el crecimiento de la energía se traduzca en más empleo y producción, que trascienda una gestión y se convierta en una verdadera política de Estado”.

Su discurso completo

Muy buenos días. Es un honor darles la bienvenida a una nueva edición del AmCham Energy Forum, el espacio que llevamos adelante cada año para pensar el lugar de la energía en el desarrollo federal de la Argentina; para pensar cómo cada decisión que tomamos hoy puede traducirse en más oportunidades, mejores servicios y empleos de calidad en todo el país.

El sistema energético global atraviesa una profunda recomposición que está redefiniendo qué países pueden aspirar a ocupar un lugar central en la economía que viene. Para la Argentina, que en pocos años pasó de importar energía a convertirse en un exportador neto, este momento condensa una oportunidad histórica y, al mismo tiempo, un desafío de igual magnitud.

La oportunidad es construir una Argentina que se piense en clave de desarrollo federal, donde la energía sea un motor de integración territorial y no solamente un capítulo de la macroeconomía. En ese nuevo escenario, nuestro país reúne una combinación de atributos que muy pocos pueden exhibir. Integra el grupo de productores que contribuyen a sostener el equilibrio del mercado petrolero, es el único país de América Latina con crecimiento proyectado de gas hacia 2035 y forma parte del triángulo del litio junto a Bolivia y Chile.

Pero nuestra ventaja no es solamente geológica. Es también un recurso situado en un territorio que, de a poco, está recuperando previsibilidad y que hoy cuenta, además, con un acuerdo bilateral vigente con los Estados Unidos. Recurso, previsibilidad y alineamiento estratégico. Ese es el diferencial argentino. El desafío es que ese diferencial se transforme en proyectos concretos en las provincias, en nuevas cadenas de proveedores locales y en empleo de calidad para las comunidades que viven donde se genera la energía.

La Argentina es hoy un exportador neto de energía, con una economía que vuelve a crecer y una inflación que desciende de manera sostenida. La cuenca neuquina alcanzó niveles históricos de producción y el país se consolidó como uno de los grandes productores de gas de la región. A ese desempeño se sumó una agenda de reformas y la firma del Acuerdo de Reciprocidad para el Comercio y la Inversión con los Estados Unidos. En términos generales, hicimos algo que durante mucho tiempo parecía difícil: recuperar credibilidad.

Ahora comienza una etapa igual de compleja: transformar esa credibilidad en desarrollo federal. Construir una Argentina donde el crecimiento no solamente se mida en los indicadores macroeconómicos, sino que también pueda verse y sentirse en cada parte del territorio. Pero una oportunidad de esta magnitud también exige entender sus tiempos y sostener las condiciones que permiten convertir el potencial en realidad.

El desarrollo energético requiere inversiones muy grandes, con horizontes que trascienden ampliamente un período de gobierno. Desde que un recurso se identifica hasta que la infraestructura está construida, la producción se desarrolla y llega a los mercados, pueden pasar muchos años. Por eso, uno de los principales riesgos que enfrentamos es perder continuidad en el camino que estamos construyendo. La estabilidad macroeconómica, el equilibrio fiscal, la previsibilidad regulatoria y la seguridad jurídica necesitan sostenerse para que las inversiones se decidan, se financien y finalmente se concreten. Cuando ese proceso funciona, comienza un círculo virtuoso: llegan nuevas inversiones, crecen la producción y las exportaciones, se genera empleo genuino, aumentan los recursos fiscales y se desarrollan proveedores, servicios y nuevas capacidades productivas. Y ese impacto se extiende mucho más allá del lugar donde está el recurso.

Una inversión que comienza en Neuquén puede generar trabajo en Córdoba, servicios profesionales en Buenos Aires, equipamiento producido en Santa Fe y oportunidades logísticas en distintos puntos del país. Ese es el efecto multiplicador que puede transformar el éxito de la energía en desarrollo federal. Pero ese proceso necesita tiempo. Y mientras alcanza escala, tenemos que acelerar todo aquello que sí podemos acelerar: preparar infraestructura, mejorar la logística y la conectividad, desarrollar proveedores y formar y reconvertir los recursos humanos que esta transformación va a demandar.

Tenemos que hacerlo de la manera más rápida, eficiente y ordenada posible, para que las nuevas oportunidades lleguen antes y los costos de la transición, especialmente para las personas, sean los menores posibles. Eso requiere continuidad y coordinación. Nación, provincias, municipios y sector privado tienen que trabajar en la misma dirección, pero cada uno respetando su rol. Cuando eso no ocurre, los proyectos se encarecen, las inversiones se demoran y la oportunidad pierde fuerza. Por eso valoramos especialmente la presencia de funcionarios y líderes de empresas que operan en todo el país.

Desde AmCham queremos que este foro sea ese espacio de articulación: un lugar para construir una visión compartida y sostener en el tiempo las condiciones que esta transformación necesita. La pregunta que nos convoca hoy es cómo hacemos para que esta oportunidad llegue a toda su escala: cómo construimos a tiempo la infraestructura y las capacidades necesarias; cómo logramos que el crecimiento de la energía se traduzca en más empleo, inversión, recursos para el Estado, industria y servicios en todo el país; y cómo hacemos que ese rumbo trascienda una gestión y se convierta en una verdadera política de Estado. Porque la ventana está abierta. Aprovecharla va a depender de nuestra capacidad de sostener el rumbo durante el tiempo suficiente para que las inversiones maduren y ese crecimiento llegue, a escala, a millones de argentinos en todo el territorio. Ese es el desafío que queremos poner en el centro de la conversación de hoy. —–

Antes de cerrar, quisiera compartirles algo muy personal. Este Energy Forum tiene para mí un significado especial. A fin de este mes culmina mi gestión como CEO de Aconcagua Energía Generación y, por lo tanto, también termina mi posición como Presidente de AmCham. Después de 15 años vinculada a esta Cámara, primero como Directora y, en estos últimos tiempos, con el enorme privilegio de presidirla, llegó el momento de cerrar esta etapa. Cuando miro hacia atrás, veo cuánto cambió AmCham durante estos años. Vi crecer a esta institución, ampliar su influencia y convertirse en uno de los espacios más relevantes de diálogo entre el sector privado, el sector público y la sociedad argentina. Pero, sobre todo, encontré acá una comunidad. Una comunidad de líderes con los que compartimos discusiones, proyectos, desafíos y también la convicción de que desde nuestras responsabilidades podemos contribuir a construir un país mejor. Me llevo muchísimo de estos años.

Me llevo aprendizajes. Me llevo vínculos. Y me llevo el orgullo de haber podido representar a una institución en la que creo profundamente. Quiero agradecer especialmente a Alejandro y a todo el equipo de AmCham. Quienes trabajamos cerca de ellos sabemos la enorme calidad profesional y humana que tienen. Elevan permanentemente el estándar, generan ideas, las convierten en proyectos y hacen que las cosas sucedan. Gracias por acompañarme, por sostenerme y por hacer que esta responsabilidad haya sido también una experiencia extraordinaria. Y me voy, además, con mucha tranquilidad por la fortaleza de la institución y del equipo que queda.

Quiero hacer una mención especial a Gabriela Renaudo quien, con la aprobación del Board, se convertirá en Presidente de AmCham. Gaby es una líder excepcional, con una trayectoria profesional extraordinaria y, fundamentalmente, con una calidad humana que representa plenamente los valores de esta Cámara.

Las instituciones fuertes son aquellas que trascienden a las personas que circunstancialmente tenemos la responsabilidad de liderarlas. Y creo que eso es exactamente lo que hemos construido. Por eso termino esta etapa profundamente agradecida y orgullosa. Orgullosa de lo que hicimos. Agradecida por la confianza. Y, especialmente, agradecida por las personas que encontré en el camino. Estoy segura de que vamos a seguir conectados. Porque los cargos terminan. Los vínculos, las convicciones y el compromiso con construir una Argentina mejor continúan. Muchas gracias.

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