Del barrio 499 de Río Gallegos a representar a Argentina en España: Nos volvimos a encontrar en el “Mateando“ con un invitado de lujo, de esos que engalanan el ciclo. Intentamos siempre mostrar y contar quiénes son los verdaderos protagonistas de nuestro deporte de hoy, de ayer y de siempre. Para aquellos más jóvenes que quizás se pregunten quién es José “Pepe” Chacón, la respuesta la dio él mismo con una humildad absoluta: “José Chacón fue un deportista simple de la década del 90 que se dedicó de lleno al atletismo, a las pruebas de fondo y medio fondo, donde tuve la suerte de destacarme a nivel nacional y competir durante 15 años en la elite nacional”.
A lo largo de una charla inolvidable, fue imposible no retrotraerse a una época dorada de viajes, podios y momentos imborrables compartidos en el camino. “A uno le gustaría volver porque pasé momentos impresionantes en todo el país, a nivel sudamericano y cuando estuve en Europa viviendo. Hoy tengo la suerte de tener un grupo de WhatsApp con aquellos históricos de la década del 90 donde lo hemos denominado ‘sangre de campeones‘”, reveló entre sonrisas.
De las canchas de carbonilla al primer triunfo robado
Su historia con las carreras arrancó casi por casualidad y con la complicidad entre hermanos. “A mí me gustaba mucho el fútbol, todavía me gusta. Pero en mi primera corrida ahí en Salta 75, en el Ministerio de Asuntos Sociales, fuimos a jugar con mi hermano Marcelo a la canchita esa de carbonilla. Salíamos negros todos los sábados, embarrados. Pasamos por el frente y vimos un premio grande para juveniles. Mi hermano me dice ‘anotate’. Cuando fuimos, no nos anotaban porque yo era menor de edad y no tenía documento”.
La negativa no frenó la determinación del pequeño Pepe: “Me fui para casa y mi mamá no quería que corra. Marcelo la distrajo, le saqué de la cartera el documento, nos escapamos por la ventana y nos vinimos a anotar. Salí a correr la carrera y la gané de punta a punta. Ahí empezó esa locura de por qué no empezar con esto. Tenía 17 años, me encantaba el deporte y le metía, pero mi mamá no quería que corra hasta que después se tuvo que afianzar porque yo ya había agarrado esto y lo tuvo que asumir“.
Entrenar a las 5:30 de la mañana en la Patagonia dura
Para triunfar desde el extremo sur del país hacía falta una disciplina infranqueable y un trabajo en equipo puertas adentro. “Estamos lejos, pero si vos estás preparado de la cabeza y tenés esa mentalidad de entrenar, de cuidarte y de descansar, estoy segurísimo que los objetivos se cumplen sin desviarte. Un chico que tenga condición y no entrena, hoy es difícil que llegue”.
Chacón rememoró la exigencia de entrenar bajo el inclemente clima riogalleguense: “Yo entrenaba con este clima. Pasaba por las vías del tren y los chicos de YCF me decían ‘¡loco!’. Pasaba por afuera de YPF y los compañeros de mi papá me decían ‘vamos José, vamos‘. Usaba buzo térmico, pasamontañas, gorro, pero no dejaba de entrenar en mi ciudad para ir a competir con los grandes atletas de Buenos Aires. Ponía la alarma a las 5:30 de la mañana para hacer el primer turno de 15 kilómetros y a las 4 o 5 de la tarde el otro. Llegaba y mi viejita, que en paz descanse, me tenía la ropa lista. En ese tiempo no había lavarropas automático: era a tabla. Me decía ‘hijo, tomate un tecito’, y yo le decía ‘no vieja, un baño, a la cama, almorzaba, una siestita y le seguíamos dando’, sin descuidar la escuela en el Industrial N° 4“.
El título de 1987 y la llegada a “Los Ñandúes”
La ambición por medirse con los mejores lo empujó hacia Buenos Aires. Con el diario Clarín que su madre le traía del trabajo, Pepe comparaba las marcas nacionales con las suyas. Su padre le advertía con cautela que “a veces somos el mejor de la cuadra, pero después hay que demostrar otras cosas”. Con el apoyo de vecinos inolvidables como Don Julio Baró y Don “Cacho” Teppa, viajó al Campeonato Nacional.
“El 21 de septiembre de 1987 salgo campeón argentino allá. ¡Uy, vos sabés lo que era para Gallegos eso! El ingeniero Di Paola dio asueto en el Industrial 4 porque había ganado yo. En el aeropuerto había una multitud esperándome y paseándome por todo Río Gallegos. Al poco tiempo vino Don Otero, secretario de Deportes de la Nación, a mi casa a golpearme la puerta para ofrecerme una beca para ir a vivir al Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (CeNARD). Y ahí arrancó todo: se sumó ‘Los Ñandúes‘, que te lo traslado al fútbol para que se entienda, es como que un pibe pase a River o a Boca. Era lo máximo en el atletismo argentino“.
Esa etapa lo catapultó a grandes transmisiones radiales como Fiestas Maya, donde su nombre sonaba en la voz de figuras como Horacio García Blanco y José María Muñoz en Radio Rivadavia. “Mi papá estaba en el pozo petrolero escuchando noticias de River y en un flash dicen: ‘El santacruceño José Chacón acaba de hacer una gran imagen‘. Mi papá decía ‘¡es mi hijo!’. Mis viejos agarraban el Peugeot 504 y se iban para donde querían para seguirme”.
Europa, el fax y el verdadero profesionalismo
A partir de allí compitió hombro a hombro contra la superelite de la época: Tranquilino Valenzuela, Toribio Gutiérrez, Juan Pablo Juárez, Antonio Silio, Marcelo Cascavelo o Villagra. Su proyección lo llevó a radicarse dos años en Madrid bajo la conducción del prestigioso entrenador Manolo Rivera para recorrer el circuito europeo.
“En esa época no había redes sociales ni WhatsApp. El medio de comunicación con el diario acá era el fax; todavía tengo guardados algunos. Yo residía en Madrid y me movía por toda Europa con un manager. La cultura, capacitarme y estar en Europa como persona me hizo muy bien, si bien estuve alejado de mi hijo José que tenía ocho meses. Pero eran las reglas del juego. No estoy arrepentido, estoy tranquilo de lo que hice”.
Chacón definió además la soledad y la severidad del atletismo de fondo: “El atletismo junto al ciclismo son deportes duros y hay que poner el lomo. Como decía el ritmo de una banda: te sacan el banquito del costado y adentro estás vos. En los deportes colectivos podés andar mal, pero te salvan tus compañeros. Acá estás mal y no te salva nadie. Lo más difícil es mantenerse 15 años ahí arriba”.
Reconocimiento en vida y el deseo de formar atletas
Luego de regresar de Europa, consagrarse campeón argentino de Cross Country en Tandil y clasificar al Sudamericano de Comodoro, “Pepe” tomó la decisión de radicarse nuevamente en Río Gallegos. Hizo la carrera de entrenador nacional y sueña con transmitir su valioso conocimiento y experiencia a las nuevas promesas de la provincia.
“Siempre le digo a los funcionarios que no tengo drama en dar charlas a los equipos. Sería lindo para que vean lo que es el atletismo, pero ya no tiene que salir de mí. A los chicos que se destacan les hablo para que no le tengan miedo a estar en Gallegos: somos iguales a cualquier persona, el tema es que hay que dedicarse”, dijo “Pepe“.
Ya sobre el cierre, agradeció al Grupo La Opinión Austral por la entrevista y destacó que, pese a los años transcurridos, siente el reconocimiento de la ciudad que lo vio crece: “Por la calle uno camina tranquilo y tiene todo ese reconocimiento y me hace muy bien. Extraño mucho a mi vieja…. Las cicatrices no se cierran, no es fácil… y esto me recuerdan a todas esas cosas y todo lo que ella hacía por mí. Estoy eternamente agradecido con toda mi comunidad y mi provincia. Y es muy lindo que mis hijos vivan el deporte también (NdR: José, jugador profesional hoy en la CAI de Comodoro, y Thiago, hoy en las juveniles de Sarmiento de Junín) pero como siempre les digo: les doy todas las herramientas pero adentro de la cancha de fútbol, no voy a estar””
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