“HE VENGADO A MIS HERMANOS”

La historia del “gaucho gringo” que defendió a los huelguistas fusilados

El historiador Luis Milton Ibarra Philemon recordó una parte de las Huelgas Patagónicas que, en este caso, tuvo lugar en Buenos Aires. Se trata del alemán Kurt Gustav Wilkens, quien, a punta de revólver, defendió la muerte de los huelguistas asesinados en Santa Cruz.

Por La Opinión Austral


Durante las Huelgas Patagónicas, entre 1920 y 1921, el Estado argentino y las fuerzas militares persiguieron y asesinaron a más de 1.500 obreros rurales de Santa Cruz que reclamaban por mejoras en sus condiciones de trabajo.

El historiador Luis Milton Ibarra Philemon recordó un nuevo aniversario de la muerte de Kurt Wilkens, un justiciero anarquista alemán que el 27 de enero de 1923 asesinó al coronel Héctor Varela, quien comandaba las tropas del Ejército.

“En Santa Cruz hoy debiera ser el Día de la Justicia, justicia proletaria”, recordó Ibarra Philemon en el marco del aniversario de dicho asesinato a manos de Wilkens.

Rememoró el texto en el que el “gringo gaucho” cometía el acto de “venganza” o, como sostuvo el historiador, justicia proletaria. “Temprano, 05:30 de la mañana del 27 de enero de 1923, ya estaba prolijamente vestido con su humilde traje y en viaje hacia su objetivo, hacer justicia por los mil 500 trabajadores asesinados en la lejana Santa Cruz en 1921”, comienza el relato.

“Luego de un par de horas de viaje en tranvía, se bajó en plaza Italia, caminó por la avenida Santa Fe hasta la calle Fitz Roy, se paró a esperar pacientemente en la esquina enfrente de una farmacia, desde ahí podía ver fácilmente hacia la mitad de cuadra, hacia la casa con el número 2461”, continúa el escrito.

“Minutos antes de las ocho sale la persona que esperaba, es el teniente coronel Héctor B. Varela, a su encuentro se dirige ahora por la misma vereda Kurt Gustav Wilkens, lo enfrenta, arroja entre ambos una bomba de mano preparada por los compañeros anarquistas, dejando a los dos aturdidos y heridos pues la explosión fue tremenda, pasan unos segundos del shock ocasionado por la explosión y están ahora frente a frente, Varela aferrado a un árbol, Wilkens parado dificultosamente en sus piernas quebradas por la bomba, mirándolo fijamente a los ojos, con sus ojos celestes y claros. Wilkens sacó de su cintura un revólver Colt, el cual descargó por completo en su objetivo”, detalla.

Varela está muerto, bien muerto, Wilkens tendrá las horas contadas desde ese momento, únicamente pronunciará en su mal castellano: He vengado a mis hermanos”, puede leerse en el histórico extracto resumido de la obra “La Patagonia Rebelde”, del escritor Osvaldo Bayer

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