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Las elecciones legislativas de Estados Unidos del próximo martes 3 de noviembre serán una prueba política determinante para el presidente Donald Trump. Aunque su nombre no estará en las boletas, el resultado definirá el escenario institucional con el que deberá gobernar durante la segunda mitad de su mandato y podría modificar el equilibrio de poder en Washington.

Los estadounidenses elegirán a los integrantes de las dos cámaras del Congreso: la Cámara de Representantes y el Senado. En juego estará el control de un poder del Estado fundamental para aprobar leyes, controlar al Ejecutivo y determinar el avance de las principales iniciativas de la Casa Blanca.

Actualmente, el Partido Republicano tiene mayoría en ambas cámaras, aunque con una diferencia ajustada. Si los demócratas consiguen recuperar una de ellas, podrán condicionar los proyectos de Trump, impulsar investigaciones sobre su administración y utilizar el Congreso como espacio de oposición.

Por eso, las elecciones de mitad de mandato, conocidas en Estados Unidos como midterms, exceden la renovación legislativa. También funcionan como un indicador del clima político y del nivel de satisfacción de los votantes con el rumbo del país.

Qué se vota el 3 de noviembre en Estados Unidos

Las elecciones de mitad de mandato se celebran cada dos años, coincidiendo con la mitad del período presidencial de cuatro años. En esta oportunidad, los ciudadanos renovarán la totalidad de la Cámara de Representantes y una parte del Senado.

En la Cámara baja se elegirán los 435 representantes, que cumplen mandatos de dos años. Es el ámbito donde habitualmente se presentan, discuten y debaten los proyectos de ley antes de avanzar hacia otras instancias legislativas.

En el Senado, en tanto, se renovarán 35 de los 100 escaños. Los senadores tienen mandatos de seis años y, entre sus atribuciones, pueden aprobar o bloquear las iniciativas que reciben de la Cámara de Representantes.

La composición de ambas cámaras será determinante para el funcionamiento del gobierno. El Congreso tiene entre sus principales responsabilidades elaborar y aprobar las leyes que rigen en todo el territorio estadounidense, además de ejercer funciones de supervisión sobre el Poder Ejecutivo.

Ese mismo día también habrá elecciones para cargos estatales en distintos puntos del país. Las disputas por las gobernaciones de California, Florida, Georgia y Michigan serán algunas de las más observadas.

Por qué el resultado puede cambiar el gobierno de Donald Trump

El Partido Republicano controla actualmente las dos cámaras del Congreso, pero su margen de maniobra es limitado.

En la Cámara de Representantes cuenta con 218 escaños, el mínimo necesario para mantener el control, además de un legislador independiente que vota junto a los republicanos.

En el Senado tiene 53 bancas. Para quedarse con el control de esa cámara, los demócratas necesitan alcanzar 51 escaños, una mayoría que también superaría el voto de desempate del vicepresidente, que actualmente pertenece al Partido Republicano, en caso de una composición de 50 legisladores por cada espacio.

Si los demócratas recuperan la mayoría en alguna de las cámaras, Trump enfrentará mayores dificultades para impulsar sus iniciativas legislativas.

El cambio de composición también les permitiría a los opositores presentar proyectos propios, organizar audiencias y utilizar los comités parlamentarios para investigar distintos aspectos de la administración republicana.

Entre los asuntos que podrían quedar bajo escrutinio aparecen las acusaciones de corrupción, la construcción del nuevo salón de baile de la Casa Blanca y las actuaciones de los organismos policiales encargados de implementar la política migratoria.

Dentro del Partido Demócrata también existe un debate sobre la posibilidad de impulsar un proceso de destitución contra Trump. Se trata de un procedimiento político y constitucional que comienza con la presentación de cargos en el Congreso y que puede derivar en un juicio político, no penal.

En cambio, si los republicanos conservan el control de ambas cámaras, el presidente tendrá un escenario institucional más favorable para continuar con su agenda durante los dos años restantes de su mandato.

De todos modos, Trump ha demostrado que también puede buscar mecanismos para ejercer el poder sin contar necesariamente con el respaldo legislativo de su partido.

La economía, el principal problema para los votantes

Uno de los factores centrales de la campaña es la situación económica de los hogares estadounidenses. El costo de los alimentos, los combustibles, la vivienda y la atención médica aparece entre las principales preocupaciones de los ciudadanos.

El escenario representa un desafío político para Trump, que llegó a la Casa Blanca con la promesa de aliviar rápidamente la presión inflacionaria.

Durante la campaña presidencial de 2024, el republicano había asegurado: “Cuando gane, bajaré los precios inmediatamente”.

Sin embargo, el cumplimiento de esa promesa se convirtió en uno de los principales puntos de cuestionamiento a su administración.

Un análisis publicado por BBC News el 1 de noviembre señala que Estados Unidos mantiene indicadores económicos que, en términos generales, no describen una economía en crisis. El crecimiento económico continúa, el desempleo se mantiene relativamente bajo y el mercado bursátil se encuentra cerca de sus máximos históricos.

El problema es que esos indicadores no necesariamente coinciden con la percepción cotidiana de los consumidores.

El crecimiento económico estadounidense se ubica en torno al 2,2%, mientras que la tasa de desempleo se mantiene en el 4,2%. Sin embargo, los salarios no avanzaron al mismo ritmo que los precios: el salario medio por hora aumentó un 3% durante el último año, frente a una suba del 3,7% en los precios al consumidor.

La diferencia ayuda a explicar el malestar de una parte de la población, que siente que sus ingresos pierden capacidad de compra pese a los indicadores positivos que destaca el Gobierno.

La situación presenta similitudes con el escenario que enfrentó el expresidente Joe Biden durante la campaña electoral de 2024. En aquel momento, su administración destacaba el crecimiento y la recuperación del empleo, pero los votantes seguían afectados por el encarecimiento de los productos y servicios.

Ahora, Trump enfrenta una dificultad similar: convencer a los estadounidenses de que la economía está mejorando cuando los gastos cotidianos continúan siendo elevados.

Inflación, aranceles y el impacto de la guerra con Irán

La inflación continúa por encima del objetivo establecido por la Reserva Federal de Estados Unidos. Entre los factores que presionan sobre los precios aparecen el encarecimiento de la energía, las consecuencias del conflicto entre Estados Unidos e Israel con Irán y las políticas comerciales impulsadas por Trump.

Los demócratas sostienen que los aranceles impuestos por el presidente también contribuyeron al aumento de los costos para los consumidores.

El análisis económico de BBC News señala que los aranceles anunciados por Trump en abril de 2025, durante el denominado “Día de la Liberación”, tuvieron efectos sobre los precios de los bienes de consumo.

Un estudio de la Reserva Federal de Nueva York concluyó que esas medidas incrementaron aproximadamente un 2,9% los precios de los productos de consumo.

El impacto podría haber sido mayor si el Gobierno no hubiera suspendido posteriormente algunos aranceles, negociado nuevos acuerdos comerciales y enfrentado restricciones judiciales para aplicar otros impuestos a las importaciones.

A esa situación se sumó el conflicto con Irán, que elevó los precios internacionales del petróleo y trasladó nuevas presiones al valor de los combustibles.

El economista Peter Morici, de la Universidad de Maryland, atribuyó parte de la inflación a las decisiones de la actual administración.

“La inflación es claramente atribuible a Donald Trump”, sostuvo. Y agregó: “Son sus aranceles y la guerra. La gente lo sabe. Lo ven”.

Desde la Casa Blanca, en cambio, defienden el desempeño económico y destacan el crecimiento, la inversión, las reducciones impositivas, el empleo y las medidas para disminuir el costo de los medicamentos recetados.

El Gobierno también comenzó a impulsar propuestas destinadas a aliviar el presupuesto familiar. Entre ellas, Trump planteó establecer un límite a las tasas de interés de las tarjetas de crédito y mencionó la posibilidad de entregar un pago de US$5.000 a los adultos estadounidenses si los republicanos mantienen el control del Congreso.

La discusión económica se convirtió así en uno de los ejes de la disputa electoral, con dos interpretaciones contrapuestas sobre el desempeño del país y el impacto de las políticas presidenciales.

El costo de vida y la percepción de los estadounidenses

La diferencia entre los indicadores económicos y la experiencia de los consumidores es uno de los principales desafíos que enfrenta Trump de cara a las elecciones.

La encuestadora demócrata Celinda Lake explicó que existe una distancia entre la manera en que los economistas y los ciudadanos interpretan la inflación.

“Cuando los economistas dicen que la inflación baja, se refieren a que la tasa de aumento ha disminuido”, afirmó.

Y explicó la diferencia con la percepción de los consumidores: “Cuando los votantes dicen que la inflación ha bajado, quieren decir que el precio ha vuelto a ser el mismo. Pues bien, por supuesto, nunca vuelve a ser el mismo”.

La especialista sostuvo que los ciudadanos evalúan la economía a partir de sus propias experiencias y no exclusivamente por los indicadores oficiales.

“No se puede discutir con la gente sobre su propia realidad de vida”, señaló.

Ese escenario representa una dificultad para Trump, que tiene menos margen para desligarse de las causas del encarecimiento de los productos, ya que algunas de las medidas cuestionadas fueron impulsadas por su propio gobierno.

La comparación con Biden también tiene una dimensión electoral. Durante 2024, el expresidente no logró revertir la percepción negativa sobre la economía, pese a que algunos de los indicadores que exhibía su administración eran favorables.

La pregunta que atraviesa ahora la campaña republicana es si Trump podrá evitar el mismo desenlace.

Inmigración e inteligencia artificial, otros ejes de la campaña

Además de la economía, la inmigración ocupa un lugar central en la discusión electoral.

Los republicanos sostienen que Trump cumplió una de sus principales promesas de campaña de 2024 al reforzar la seguridad en la frontera e implementar una política migratoria más estricta.

Las medidas del Gobierno, sin embargo, también generaron controversias por los procedimientos utilizados para llevar adelante las deportaciones y los operativos de control.

Los demócratas cuestionan distintos aspectos de esa política y plantean que las acciones de las agencias federales deben estar sujetas a controles institucionales.

Otro tema que ganó relevancia durante las últimas semanas es la inteligencia artificial. Dirigentes de alto rango de ambos partidos coincidieron en la necesidad de establecer mecanismos de regulación para el desarrollo de esta tecnología.

Esa posición los enfrenta con Trump, quien rechaza la aprobación de leyes destinadas a controlar su avance.

El debate sobre la inteligencia artificial suma así otro punto de tensión entre el presidente y sectores del Congreso, incluso más allá de las diferencias tradicionales entre republicanos y demócratas.

Qué estados y bancas pueden definir las elecciones

Aunque se renovarán los 435 integrantes de la Cámara de Representantes y 35 escaños del Senado, no todas las contiendas presentan el mismo nivel de competencia.

Algunos distritos y estados son considerados bastiones de uno u otro partido, mientras que otros concentran la atención por la posibilidad de cambiar de representación.

CBS News, socio estadounidense de la BBC, identificó diez disputas por bancas del Senado a las que habrá que prestar especial atención, en estados como Iowa y New Hampshire.

En la Cámara de Representantes, en tanto, señaló 42 contiendas relevantes, entre ellas las de Arizona y Ohio.

La disputa también está atravesada por los cambios en la delimitación de los distritos electorales. Republicanos y demócratas impulsaron modificaciones en los mapas de representación para obtener ventajas en determinados estados.

Esta discusión agrega incertidumbre a una elección en la que las mayorías legislativas podrían definirse por diferencias muy estrechas.

Además, existe una tendencia histórica en Estados Unidos a que el partido que ocupa la Casa Blanca pierda bancas durante las elecciones de mitad de mandato. Los votantes suelen utilizar estos comicios para expresar su descontento con la gestión presidencial.

La aprobación de Trump y el antecedente de las elecciones de mitad de mandato

Los resultados también serán interpretados como una evaluación de los primeros dos años del segundo mandato de Trump.

Las encuestas recientes muestran un deterioro en la imagen del presidente. Según el sitio especializado Silver Bulletin, Trump comenzó su segundo período con una aprobación superior al 50%, pero a principios de octubre el indicador se ubicaba alrededor del 37%, mientras que el 61% desaprobaba su gestión.

Esos números constituyen un dato relevante para los republicanos, especialmente porque las elecciones de mitad de mandato suelen funcionar como un mecanismo de evaluación del partido gobernante.

El nombre de Trump no aparecerá en las boletas del 3 de noviembre. Sin embargo, el propio presidente pidió a los votantes republicanos que consideren la elección como una forma de respaldar sus políticas y su gestión.

La estrategia busca convertir la disputa legislativa en una demostración de apoyo a la Casa Blanca, aunque el resultado también podría reflejar el descontento de quienes cuestionan el rumbo económico y político del país.

Qué puede pasar después de las elecciones y el futuro de Trump

El resultado del 3 de noviembre tendrá consecuencias que irán más allá de la distribución inmediata de bancas en el Congreso.

Si los demócratas consiguen controlar una o ambas cámaras, podrán limitar la capacidad legislativa del presidente, impulsar investigaciones y aumentar la presión política sobre su administración.

Si los republicanos mantienen las mayorías, Trump tendrá mayores posibilidades de avanzar con sus propuestas sin enfrentar un bloqueo legislativo de la oposición.

En cualquier escenario, los comicios también comenzarán a ordenar las discusiones sobre la sucesión presidencial de 2028.

Trump no puede presentarse para un tercer mandato, por lo que las elecciones de mitad de período marcarán el inicio de una nueva etapa de especulaciones sobre quién será el próximo candidato republicano a la Casa Blanca.

Del lado demócrata también comenzarán a tomar forma las posibles candidaturas para enfrentar al oficialismo dentro de dos años.

Por eso, aunque el presidente no compita directamente por un cargo en esta elección, su futuro político estará estrechamente vinculado al resultado. La composición del Congreso determinará cuánto margen tendrá para gobernar, mientras que el desempeño electoral de republicanos y demócratas ofrecerá una primera señal sobre el escenario político que se proyecta hacia 2028.

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