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La economía argentina atraviesa uno de los mayores procesos de recuperación del crédito de los últimos años. La baja del riesgo país y la mejora en las condiciones de financiamiento permitieron que empresas y gobiernos provinciales vuelvan a acceder a recursos destinados a inversión, expansión e infraestructura.

La tendencia es tan marcada que ya puede hablarse de un verdadero boom del financiamiento en dólares.

Uno de los casos más recientes es el de Mastellone Hermanos, que avanzó en la toma de financiamiento para fortalecer su estructura financiera y acompañar sus planes de crecimiento. La compañía se suma a una larga lista de empresas argentinas que utilizan el crédito como una herramienta habitual de gestión.

YPF, Arcor, Pampa Energía, Telecom, Vista Energy, Transportadora de Gas del Sur y numerosas firmas líderes han recurrido durante los últimos meses al mercado de capitales para obtener recursos destinados a ampliar capacidad productiva, incorporar tecnología, desarrollar nuevos proyectos y mejorar su competitividad.

Mastellone Hermanos, una de las emrpesas privadas que apuesta por el financiamiento.

La explicación es principalmente económica.

Actualmente, las tasas de financiamiento en dólares rondan el 6,5% anual, mientras que el costo del dinero en pesos se ubica cerca del 45% anual. Para cualquier proyecto de inversión de mediano o largo plazo, la diferencia resulta determinante.

Por eso, el crédito dejó de ser una herramienta excepcional para transformarse nuevamente en un instrumento habitual para financiar crecimiento.

La tapa de La Opinión Austral del 4 de junio.

Las provincias también salieron al mercado

La misma lógica comenzó a observarse en los gobiernos provinciales.

Durante 2025 y 2026, varias provincias argentinas avanzaron en procesos de emisión de deuda o financiamiento para ejecutar obras públicas, infraestructura energética, servicios básicos y proyectos estratégicos.

Santa Fe colocó aproximadamente 800 millones de dólares para financiar infraestructura y desarrollo.

Córdoba avanzó en operaciones superiores a los 700 millones de dólares destinadas a obras y administración financiera.

La Ciudad de Buenos Aires volvió a los mercados internacionales para financiar inversiones estratégicas.

Chubut, Entre Ríos y Neuquén también impulsaron distintos esquemas de financiamiento vinculados al desarrollo productivo, la infraestructura y la energía.

Lo llamativo es que se trata de gobiernos de distintos signos políticos.

Oficialismos y oposiciones coinciden en un mismo diagnóstico: cuando las condiciones financieras son favorables, el acceso al crédito permite acelerar inversiones que de otra manera demandarían años o incluso décadas.

Ernesto Coloe, Pedro Luxen, Ezequiel Verbes y María Belen Elmiger en su última presentación en Diputados. FOTO:LEANDRO FRANCO / LA OPINIÓN AUSTRAL

El debate en Santa Cruz

En ese contexto, la discusión que se desarrolla en Santa Cruz adquiere una dimensión particular.

Durante el tratamiento de la ley de financiamiento impulsada por el Gobierno Provincial, distintos legisladores kirchneristas manifestaron su rechazo argumentando, entre otras cuestiones, que endeudarse en dólares representaba un riesgo excesivo y que ninguna empresa seria tomaría deuda en moneda extranjera bajo las condiciones actuales.

Sin embargo, la realidad económica parece mostrar exactamente lo contrario.

Las principales empresas argentinas están tomando financiamiento en dólares.

Las provincias están tomando financiamiento en dólares.

Incluso administraciones de distintos espacios políticos recurren al crédito para ejecutar obras y acelerar inversiones.

La discusión, por lo tanto, parece haberse desplazado.

Ya no gira en torno a la existencia del financiamiento en sí mismo, sino a cómo se utilizan esos recursos, qué obras se realizan, cuáles son las garantías de repago y qué beneficios concretos generan para la comunidad.

Una herramienta para el desarrollo

En las economías modernas, el crédito constituye una de las principales herramientas para financiar proyectos de largo plazo.

Las empresas toman deuda para crecer.

Los gobiernos financian hospitales, escuelas, rutas, sistemas energéticos, acueductos y obras de infraestructura.

La lógica es simple: cuando una inversión genera beneficios durante décadas, su financiamiento también puede distribuirse a lo largo del tiempo.

Por eso, especialistas en finanzas públicas sostienen que la clave no está en demonizar el crédito, sino en evaluar la calidad de los proyectos y la capacidad de generar desarrollo a partir de esas inversiones.

La pregunta de fondo

La realidad económica de 2025 y 2026 muestra una tendencia difícil de ignorar.

Empresas líderes utilizan financiamiento en dólares para expandirse.

Provincias de distintos signos políticos recurren al crédito para ejecutar obras estratégicas.

Los mercados vuelven a ofrecer recursos a tasas considerablemente más bajas que las disponibles en pesos.

Frente a ese escenario, surge una pregunta inevitable.

Si gran parte de la Argentina está utilizando el financiamiento para invertir, crecer y desarrollar infraestructura, ¿puede Santa Cruz darse el lujo de quedarse afuera de una herramienta que hoy utilizan empresas, provincias y gobiernos de todo el país para construir su futuro?

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