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*Por Miguel Auzoberría
A pocos días de retirarse de la presidencia Jorge Rafael Videla, fue ovacionado en la Feria del Libro de Buenos Aires en abril de 1981. Lo reemplazaría Roberto Viola, quien intenta una discreta apertura política, tras lo cual fue enfermado y renunciado dando paso al General Leopoldo Fortunato Galtieri.
Los conflictos internos que ya venía arrastrando desde hacía un tiempo largo las Fuerzas Armadas en el gobierno de Argentina. El autodenominado Proceso de Reorganización Nacional se encontraba cercado desde antes de la guerra, por la movilización popular y social; el desprestigio internacional por las violaciones de los derechos humanos, y complicado gravemente en lo económico.
Galtieri no creía que la continuidad del Proceso Militar estuviese amenazada, por ello provoco con aquella famosa frase “Las urnas están bien guardadas”. Aunque advertía cierto desgaste del gobierno.
A esa altura de los acontecimientos las rondas de los jueves de las Madres de Plaza de Mayo se habían constituido en habituales y obtenían acompañamiento. También se sumaban protestas estudiantiles, aunque todavía no eran masivas.
Y lo más preocupante los medios comenzaban a reflejar estos hechos e incluso criticaban algunos hechos de represión. Aunque todavía existía un núcleo duro que bancaba a los militares. Pero sobre todo lo más preocupaba a los militares era que aquellos socios civiles que avalaron el golpe y lo sostuvieron dentro y fuera del país, con una rapidez vertiginosa comenzaron a criticar los problemas económicos hasta llegar a la denuncia de la pobreza, la censura y unas cuantas arbitrariedades del proceso.
En diciembre de 1981, la CGT disidente encabezada por Saúl Ubaldini, convoca a sumarse a la celebración de San Cayetano para pedir por “paz, pan y trabajo”. La procesión fue multitudinaria y contó con el respaldo de la Pastoral social y los gremios.
La que no se plegó a esa manifestación fue la Multipartidaria que quiso mostrarse moderada y prudente, advirtiendo el peligro de una “reversión autoritaria”. En su seno solos grupos minoritarios como Humanismo y Liberación de la Democracia Cristiana y el Partido Intransigente proponían recurrir a la movilización callejera para arrancarle al régimen el cronograma de elecciones.
Galtieri, pese a su frase sobre las urnas, mantuvo la idea general de la apertura política, y designa al gabinete más civil de todo el Proceso, (solo es militar el Ministro de Interior), reparte cargos en el ejecutivo, en empresas públicas e intendencias a civiles; dentro de una estrategia de sumar a agrupaciones de centro, de derecha nacionales y provinciales, con la idea de conformar una Alianza Oficialista. Esa entente que la revista Humor bautizo como “la cría del proceso”.
Síntesis de ese sueño fue el pantagruélico asado de Victorica, La Pampa, para conmemorar el centenario de la localidad; que conto con 1.500 autoridades invitadas, y 12.000 comensales dándole a Galtieri un contacto popular e imaginar la construcción de una nueva fuerza política.
El 25 de marzo de 1982, al cumplirse seis años del golpe, lanza una “propuesta de normalización institucional” pero ignora a la Multipartidaria.
Asimismo, el Ministro Roberto Alemann avanza en un proceso privatizador. La multipartidaria expresa que se “revisaran las decisiones que lesionen la soberanía nacional”.
Los dirigentes políticos siguen creyendo en que los militares los convoquen al dialogo y llamen a elecciones. Eso no sucede, pero tampoco se atreven a sumarse a la convocatoria de la combativa CGT Brasil para el 30 de marzo.
El gobierno militar habla de una institucionalización gradual del país. Pero el cierre de fábricas, la desocupación, la crisis económica no ayudaba al intento desmovilizador de la dictadura. La fábrica Ford, anunciaba el cierre temporario a partir del 1 de abril.
Desde el gobierno se intentaba meter miedo, recordando la vigencia del estado de sitio. Y la CGT Brasil respondía con un documento que sostenía “Uds., derrocaron a un gobierno popular, y han destruido el aparato productivo”.
El paro general decretado por la CGT Brasil, para el 30 de marzo con la consigna “PAZ, PAN Y TRABAJO”, sumo en el fragor de la lucha de ese día otras dos consignas: “Abajo la Dictadura Militar” y “Se va acabar la Dictadura Militar”. Así temprano comenzó la gloriosa Gesta Olvidada del Movimiento Obrero Argentino.
Desde temprana horas centenares de policías de la montada de la federal, carros de asaltos e hidrantes, militares de fajina con armas largas y cortas, coparon las calles de Buenos Aires en inmediaciones de la Plaza de Mayo. Tenían que impedir que la protesta llegara a su objetivo. Muchas horas antes de lo programado por los organizadores columnas de trabajadores marchaban hacia el microcentro, obreros del cordón industrial tan castigado se unían a los sindicatos denominados de cuello blanco que pugnaban por ingresar al lugar vedado, y en las primeras horas de la tarde: palos, bastonazos, corridas, eran las escenas repetidas en capital federal, pero también lo eran en varias ciudades importantes del país, donde las movilizaciones también se replicaban.
Durante horas los movilizados pugnaron con ingresar a la plaza, se avanzaba una cuadra, la represión los hacía retroceder, volvían a insistir tratando de llegar, ese día ningún pibe tenía bolitas para jugar, porque los obreros las llevaron consigo y cuando la policía montada arremetía contra ellos, las arrojaban al piso y a los pobres caballos se les dificultaba el andar. Concentraciones de trabajadores en las zonas de Tribunales y en la del Puerto fueron duramente reprimidas. En el centro desde los edificios los oficinistas arrojaban todo tipo de proyectil contra las fuerzas represivas. Al caer las primeras luces del atardecer ya habían detenido 3.000 manifestantes, entre ellos a Saúl Ubaldini y varios dirigentes sindicales.
La niebla de los gases lacrimógenos no se había, cuando helicópteros sobrevolaban la zona iluminando las calles, para que la policía detuviera a mansalva, llenando una y otra vez los carros de asaltos que no daban abasto.
En el resto del país, Mendoza, Rosario, Bahía Blanca, Mar del Plata, Tres Arroyos, y otras ciudades importantes de provincia de Buenos Aires, San Miguel de Tucumán, Neuquén y Córdoba.
En Mendoza un trabajador de la Fábrica de Cemento Minetti, militante y secretario general de AOMA (Asociación Obreros de la Minería Argentina), José Benedito Ortiz de 53 años cae según cuentan sus compañeros atravesados por una bala disparada por un gendarme en la calle Pedro Molina, a pocas cuadras de la Casa de Gobierno de la Provincia. El balazo le hizo estallar el pulmón. Falleciendo cuatro días después en el Hospital Central. Muere el 3 de abril, su muerte fue tapada por la “euforia de la guerra de Malvinas.
José Benedito era considerado líder sindical de los mineros de Mendoza, un peronista ortodoxo, un gremialista honesto, de vida sencilla y callado.
Muchos recuerdan aquel 30 de marzo de 1982; el traslado a las apuradas al hospital a las siete y media de la tarde. La angustia de las horas trascurridas hasta que lo pasan a quirófano recién a las tres de la mañana. Siete horas y media esperando la llegada de los médicos del ejército.
Según testimonios de sus familiares, recogido por Elena Luz González Bazán para su libro: “30 de Marzo de 1982 – Una gesta Olvidada, publicada en el 2012; le comentaron “No permitían que lo asistiera un médico del hospital. Fue uno de ellos quien comento a la familia que los médicos del ejército, no querían que muriera: “No va a vivir, lo están manteniendo vivo con una maquina”. Según su hijo Raúl, quisieron salvarlo para no “empañar” lo de Malvinas. Lo mantuvieron con pulmotor hasta después del 2 de abril y al otro día lo desconectaron”
Los medios de la época aportaron a la confusión cambiándole el nombre al obrero minero, se lo llamo Benedicto o Bendito; con esa liviandad tan característica cuando se trata de un trabajador y de sus luchas.
Recién en el 2014, llegó al menos en su provincia el reconocimiento a un mártir de la clase obrera que dejo su vida por el regreso del régimen constitucional.
En Tucumán fueron 200 detenidos. La orden no solo era detener a cuanto dirigente gremial se pudiera sino también a quienes se movilizarán. Y como los camiones de la policía no daban abasto, y se comenzaron a utilizar colectivos de líneas.
Con la detención Saúl Ubaldini y toda la conducción de la central obrera, los cuerpos orgánicos deciden la sesión permanente hasta la libertad del líder opositor y demás dirigentes.
En Córdoba la policía provincial impide que trabajadores de Renault y otras plantas automotrices realizar asamblea.
El 31 de marzo la CGT Brasil, emitió un comunicado denunciando y pidiendo la libertad de 3.000 detenidos.
Lentamente fueron liberándolos, uno de los últimos luego de ser paseado por varias seccionales de policía, con destino final en Devoto, ese preso era Saúl Ubaldini, a quien liberan y le informan que Argentina había recuperado Malvinas, así que, desde la cárcel, lo subieron a un avión junto a otros dirigentes políticos y sindicales a participar de la asunción del flamante gobernador de las Islas. (7 de abril)
Hoy se cumplen 44 años de aquella gesta del movimiento obrero organizado; y es bueno recordarlo a pocos días de la multitudinaria muestra de memoria del 24 de marzo pasado.
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