La psicóloga Lenore Walker postuló las fases del ciclo de violencia de género en su obra “The Battered Woman” (1979): acumulación de tensión, explosión o agresión, y arrepentimiento o “luna de miel”. Con el tiempo, esta última etapa se debilita o desaparece, provocando que la tensión y la agresión sean cada vez más frecuentes. Esto sufrió una joven de Río Gallegos que, por cuestiones fortuitas, no terminó con un saldo fatal.
Se trata del caso que tiene como detenido e imputado por “homicidio doblemente agravado por su comisión en contra de una persona con quien ha mantenido una relación de pareja y mediar violencia de género, en grado de tentativa, en concurso real con amenazas -dos hechos- y daño -dos hechos-” a Luciano Iván Giménez, un hombre de 28 años alojado en la Comisaría Cuarta que, desde el 23 de marzo del año pasado, aguardaba el juicio en su contra.
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La sobreviviente es Yanet Costilla, trabajadora de la Fuerza Aérea que, desde el hecho que casi le cuesta la vida, debió ser trasladada al norte del país por temor. La causa es ampliamente conocida y fue difundida por La Opinión Austral aquel lamentable día en que Giménez fue intensamente buscado por la policía tras ir a la casa de Yanet, someterla a una brutal golpiza y huir cobardemente. El caso cobró mayor relevancia al trascender que la joven poseía cámaras de seguridad que registraron la cruenta agresión en el patio de su hogar, interrumpida solo porque un vecino escuchó los gritos de auxilio mientras Yanet era golpeada contra la medianera.
El comienzo de la relación
Luciano y Yanet se conocieron en 2024 a través de Instagram. Tras unos meses de amistad, decidieron noviar. “Parecía un tipo normal”, recordó la sobreviviente sobre su expareja. Tras conocer a sus suegros e integrar cumpleaños familiares, en octubre de aquel año todo cambió, ingresando en el mencionado “ciclo de la violencia”.
Una noche de ese mes, al aprontarse para dormir, Luciano interrogó a Yanet por tres hombres a los que seguía en dicha red social: un primo lejano, un conocido y un amigo. Disconforme con las respuestas, “acumuló tensión” y arremetió contra las pertenencias de la joven, destrozando un televisor y su teléfono celular. Ese fue el quiebre de una relación sin retorno.
Luciano lloró arrepentido y le pidió perdón, justificándose en que a él “nadie lo quería, ni su familia, y que era depresivo porque su papá era muy violento con él y su madre”, según relató ella. La joven llamó a la madre del agresor para que lo retirara. En plena espera, la tensión escaló: Luciano tomó un cuchillo que luego bajó, pero amagó reiteradamente con golpear a Yanet, terminando por impactar su puño contra la heladera.
La joven mide 1,50 metros y el agresor roza los 1,85 metros. Esta asimetría fue remarcada este viernes en el juicio: “Él mide como dos metros, no había nada que pudiera hacer” dijo ella. Esa noche, antes de las dos de la mañana, Luciano amenazó a Yanet por primera vez: “Te voy a prender fuego la casa”, antes de abordar la camioneta de su madre.
El segundo arrepentimiento
El tiempo pasó y estuvieron separados. Incluso lo había bloqueado de las redes sociales, manteniendo contacto solo por un trabajo de soldadura que Luciano se había comprometido a hacer para una fiesta laboral que ella ya había pagado. En esas conversaciones, el agresor, juzgado como femicida en grado de tentativa, decía haber cambiado y que “iba a la iglesia”.
Con mensajes a modo de carnada, Yanet accedió a hablarle de nuevo, pues “necesitaba estar segura de que había cambiado”. Peritos indicaron en el debate que ella posee un perfil empático y tendencia a “ayudar a los demás”. Yanet comprendió luego que era manipulada. Como ocurrió en aquella fiesta, cuando comenzó a recibir mensajes de Luciano diciendo que “ella tenía tiempo para esas cosas pero no para él”. Esa noche todo concluyó al recibir una foto de única visualización donde él aparentaba estar en el lugar, decidiendo regresar a la casa de su madre.
“Llegué a mi casa, me llamó y no me creía que estaba ahí con mi mamá; le pasé el celular y cuando ella dijo ‘hola’, él cortó”, recordó este viernes en el juicio. En este periodo Yanet decidió instalar cámaras, algo vital para el futuro. Al despertar un día, vio la luneta de su auto destrozada de un piedrazo. “Le pregunté a un vecino si sus cámaras vieron algo, pero se veía el hecho y no quién tiraba la piedra. Por eso puse cuatro cámaras, dos adelante y dos atrás”, rememoró.
Por entonces, Luciano ya alquilaba solo y tenía trabajo en el Concejo Deliberante. En una ocasión intentó “hacerse el héroe” tras decirle que habían filtrado una foto íntima suya en un grupo de Telegram. Ante la insistencia de Yanet sobre quién la había enviado, el agresor esquivaba responder y decía “yo me voy a encargar”.
El intento de femicidio
En la noche del sábado 22 de marzo, la “relación” casi no existía, aunque hablaban esporádicamente e insistía en su transformación y arrepentimiento. Esa jornada, Yanet comió empanadas con su hermana y un amigo. La presencia de un hombre hizo estallar los celos del agresor con mensajes como “para eso sí tenés tiempo”, generando un malestar en la joven que, admitiendo haber sido “manipulada”, terminó invitándolo a dormir.
Luciano lo rechazó y su noche estuvo repleta de excesos. “¿Cómo dormiste?”, fue el extraño mensaje que el violento le mandó al día siguiente. Todo siguió el curso del ciclo de violencia: Luciano le reclamó que “lo había bloqueado de Instagram” porque desde otro celular lograba encontrarla. Continuó con una amenaza directa: “Voy a tu casa y te voy a matar”.
Yanet cerró el pestillo, dejó la llave puesta y fue al fondo de la casa. De pronto, escuchó al perro del vecino ladrar y vio en su celular las cámaras de seguridad en tiempo real. Luciano se cubrió la mano con la manga del buzo, destrozó una ventana lateral y abrió la puerta desde adentro.
Fueron cinco minutos de ataque. Yanet rompió en llanto al recordar lo ocurrido: “Sin las cámaras, nadie me creería. El peor ataque fue en el baño. Eran piñas y patadas. Como pude evité ir a la pieza, sabía que no sobreviviría. En el baño logré agarrarle los genitales y escapar al patio”. “¡Ayuda, ayuda!”, gritaba Yanet. Relató que en el patio “me sentí mareada, dije: ‘me voy a morir’”. Un vecino apareció tras escuchar los gritos mientras el violento la tomaba de los pelos y estrellaba su cabeza contra el paredón, huyendo cobardemente al advertir la presencia ajena.
El juicio
Con leve retraso, este viernes comenzó el juicio de valoración de pruebas contra el exempleado del Concejo Deliberante. Presidió el camarista Carlos Albarracín, acompañado por los vocales titulares María Alejandra Vila y Jorge Yance. La fiscal Verónica Zuvic estuvo junto a Aldana Ulloa, flanqueadas por el querellante Sergio Macagno.
En la defensa del acusado intervinieron Sandro Levin y Daniel Albornoz. En la sala de la calle Malaspina asistieron seres queridos de la sobreviviente y un solo familiar de Giménez. Giménez ingresó esposado por una puerta lateral. Con 1,85 metros, buzo verde y jean, nariz prominente y cejas caídas, se sentó junto a Levin, quien le indicó cómo transcurriría la audiencia.
En diagonal estaban los familiares de Yanet, cuyas miradas lo acorralaban, mientras él esquivaba el contacto visual mirando al suelo o hacia otro lado. Giménez habló poco: solo brindó sus datos filiatorios y respondió un tajante “no” al ser consultado si deseaba declarar.
La versión del acusado
Aunque Giménez no declaró en el debate, se leyó su exposición inicial en el Juzgado de Instrucción N° 1. Se lo vio nervioso, tragando saliva y moviendo las manos mientras escuchaba: “Desde los 16 años tuve una vida de excesos y consumo de drogas hasta el tiempo en que la conocí. Aunque intenté dejar la noche y el alcohol, las drogas nunca pude dejarlas. En muchas ocasiones consumía a escondidas en su casa, por ejemplo, en el baño. Prácticamente esos eran los problemas de nuestra relación. Bajo los efectos de la cocaína teníamos discusiones, pero me drogué todo el año. Después de lo de la tele y eso, nos distanciamos, pero Año Nuevo lo pasamos juntos; después de las 12 ella se fue de vacaciones, aunque mantuvimos contacto. Al volver, nos empezamos a ver e hicimos un viaje a El Chaltén. Allí nos veíamos a diario, pese a tener casas separadas.
Qué ocurrió ese día, según Giménez
Horas previas al incidente, según leyó la secretaria de la Cámara, Giménez declaró: “Estaba en su casa y, como ella se juntaría a cenar con su hermana, tipo 19 horas me fui a la casa de mi tía. Allí empecé a consumir alcohol desde las 21 hasta las 2 horas. A esa hora volví a mi departamento y Yanet me invitó a dormir porque su hermana se había ido; le respondí que no, que ya me había acostado”.
Todo pudo terminar ahí, pero la situación se descontroló: “A las dos y media, mi vecino Iván me propuso tomar alcohol y estuvimos tomando alcohol y cocaína hasta las 5, cuando nos pasó a buscar una amiga. A las 7 ella me dejó y seguimos tomando con mi vecino hasta el mediodía”.
Tras horas de alcohol y estupefacientes, comenzó el incidente casi fatal. Según su relato: “A esa hora empezamos a discutir con Yanet. Me bloqueó en WhatsApp y me llamó de forma común. Luego ingresé a su domicilio y discutimos. No recuerdo mucho porque estaba drogado y alcoholizado; me fui a la casa de mi amiga y cerca de las ocho llegó la policía y me entregué”.
Respecto de los videos, Giménez afirmó no recordar nada: “Los veo por primera vez en el juzgado, me los mostró la defensora. La verdad estoy arrepentido, pero no quise atentar contra su vida. No sabía que había cámaras. Siento mucha vergüenza. Nunca fui con intención de agredirla”.
Los videos
Los registros fílmicos se proyectaron en la sala a oscuras. Todos los presentes y los jueces técnicos vieron la secuencia casi mortal para Yanet, excepto uno: Giménez mantuvo las manos ocupadas y nerviosas mirando al suelo, aunque de a ratos pispeaba las imágenes por curiosidad.
El debate prosiguió con el testimonio de Yanet. El acusado fue retirado y siguió el juicio en una habitación contigua. La sobreviviente optó por quedarse entre el público, compartiendo espacio por primera vez con su agresor desde el día del ataque. Ella jamás lo miró. En cambio, él la observaba de reojo y disimuladamente en varios pasajes de la jornada.
La jornada incluyó testimonios de seres queridos de ambas partes y de profesionales de la salud, como el médico forense, quien indicó que calificó las lesiones como leves, indicó que la multiplicidad de estas podría haber generado un riesgo de vida. En el debate también declararon los policías que ubicaron en tiempo y espacio tanto a Yanet como a Giménez, detallando la primera intervención de las fuerzas de seguridad el 23 de marzo del año pasado.
Lo que viene
El juicio de valoración de pruebas concluyó pasada las dos y media de la tarde, luego de que el presidente de la Cámara anunciara que los alegatos se realizarán el próximo miércoles, a las 10 de la mañana en el mismo recinto, donde la Fiscalía, la querella y la defensa presentarán sus fundamentos y pedidos de pena.
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