En el marco de los actos oficiales por el 210° aniversario de la Declaración de la Independencia Argentina, este miércoles se celebró el tradicional Tedeum en la Iglesia Catedral de Río Gallegos, una ceremonia que reunió a autoridades provinciales, municipales, representantes de las Fuerzas Armadas y vecinos de la capital santacruceña.
La celebración religiosa estuvo encabezada por el párroco de la Catedral, padre Ariel Darío Silguero, quien pronunció una homilía centrada en la acción del Espíritu Santo, la necesidad de fortalecer los vínculos humanos y el compromiso con la justicia para construir una sociedad más pacífica.
Orígenes de la Independencia
Al iniciar su reflexión, Silguero recordó que la Catedral de Río Gallegos cumple 126 años de historia y destacó el valor simbólico de celebrar allí un nuevo aniversario patrio.
En ese sentido, evocó los acontecimientos del 9 de Julio de 1816 y remarcó que los congresales que declararon la Independencia buscaron la guía espiritual antes de tomar aquella decisión histórica.

“Los congresales pidieron unánimes la ayuda de Dios”, señaló el sacerdote, al recordar que los diputados participaron de una Misa del Espíritu Santo antes de proclamar la independencia en Tucumán.
A partir de ese hecho histórico, vinculó aquella búsqueda espiritual con el presente y sostuvo que la sociedad actual también necesita abrirse a la acción del Espíritu Santo.
“Necesitamos recoger el rocío del Espíritu Santo”
Tomando como referencia el Evangelio según San Lucas, donde Jesús proclama que fue ungido para llevar la buena noticia, liberar y sanar, el párroco afirmó que ese mismo espíritu debe inspirar la vida de los argentinos.
“Hoy más que nunca necesitamos ser ungidos por el Espíritu Santo”, expresó.
Además, retomó una frase de la carta pastoral del obispo de Río Gallegos, monseñor Ignacio Medina, quien invita a “recoger el rocío del Espíritu Santo derramado” en la diócesis.
A partir de esa idea, el sacerdote desarrolló tres aspectos que, según indicó, pueden transformarse en frutos concretos cuando las personas permiten actuar al Espíritu en sus vidas.
El valor de las palabras
El primer punto de su mensaje estuvo relacionado con la responsabilidad en el uso de la palabra.
Silguero sostuvo que las expresiones cotidianas tienen una enorme capacidad de influir en las personas, ya sea para construir o para destruir.
En ese contexto citó al papa León XIV y su llamado a rechazar “la guerra de las palabras y de las imágenes”.
“Las palabras pueden edificar o destruir, animar o generar guerras”, advirtió.
Por ello, invitó a reflexionar sobre la forma en que se desarrolla el diálogo tanto en los ámbitos privados como públicos, especialmente en tiempos marcados por la confrontación.
La humanidad frente a la inteligencia artificial
Uno de los pasajes más destacados de la homilía estuvo dedicado a la defensa de la dignidad humana en un contexto atravesado por el avance tecnológico.
El sacerdote recordó recientes mensajes del papa León XIV dirigidos a los jóvenes y destacó una frase que definió como una misión para el presente: “Sean humanos”.
Silguero citó un texto del pontífice en el que se advierte sobre los riesgos de deshumanización en la era de la inteligencia artificial y la necesidad de preservar aquello que hace única a la persona.
“El verdadero progreso nace siempre de un corazón abierto al otro, de una inteligencia dispuesta a escuchar y de una voluntad que busca lo que une más que lo que separa”, recordó.
En esa línea, llamó a reconocer la dignidad de quienes están cerca y a fortalecer el respeto mutuo.
“El que está al lado tuyo es un ser humano. Tratalo como tal. Cuidá su dignidad, cuidá su humanidad”, expresó.
Paz y justicia, un mismo camino
El tercer eje de la homilía estuvo centrado en la relación entre la paz y la justicia.
Silguero retomó una enseñanza de San Agustín y palabras del papa León XIV para remarcar que ambas dimensiones son inseparables.
“Nadie hay que no desee estar en paz, pero no todos quieren practicar la justicia”, recordó.
Y añadió: “¿Quieres encontrarte con la paz? Practica la justicia”.
El sacerdote exhortó a no abandonar la búsqueda del bien común y sostuvo que una convivencia auténticamente pacífica sólo puede construirse cuando existe un compromiso concreto con la justicia.
Una oración por la Argentina
Sobre el final de la ceremonia, los presentes rezaron la tradicional Oración por la Patria y pidieron por la unidad nacional, el diálogo y la esperanza.
Finalmente, el párroco encomendó las intenciones de la comunidad al corazón de la Virgen de Luján y pidió que el Espíritu Santo ayude a los argentinos a transformar sus palabras, vivir con mayor humanidad y trabajar por una paz fundada en la justicia.
“Pidamos al Espíritu Santo que se derrame sobre nosotros y nos anime a desarmar las palabras hirientes, a vivir profundamente humanos y a construir la paz en la justicia”, concluyó.
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