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A bordo de un camión en un viaje que se extendió durante casi cinco días, el periodista tucumano Miguel Velárdez llegó a Santa Cruz en septiembre de 2024. Visitó Río Gallegos, Río Turbio, El Calafate y Pico Truncado con el objetivo de desarrollar el proyecto “Migrantes laborales” con el que ganó la Beca Michael Jacobs de crónica viajera 2024, otorgada por la Fundación Gabo, el Hay Festival y The Michael Jacobs Foundation for Travel Writing.
El premio fue la suma de $10.000 dólares para financiar la investigación y escritura de la propuesta que se centró en conocer las historias de quienes migran, desde otros puntos de Argentina y de otros países, en busca de trabajo y una mejor calidad de vida en el sur.
El resultado es el libro titulado “Pisar el hielo negro”.
En diálogo con La Opinión Austral, el periodista de La Gaceta y docente de la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino, contó cómo fue su experiencia en Santa Cruz.
La Opinión Austral: ¿Cómo surge el interés en el tema de la migración laboral?
Miguel Velárdez: En el norte argentino, en Tucumán, Salta, Jujuy, todos tenemos algún familiar o conocido, alguien que vivía a la vuelta de casa y se fue al sur a trabajar, a probar suerte, a empezar de cero.
Siempre quise participar en la Beca de Crónica Viajera, pero no encontraba un tema hasta que apareció esta punta de ovillo y empecé a trabajar. Comencé a averiguar sobre tucumanos que ya están en Santa Cruz y a dialogar con ellos por teléfono porque vos pensás una historia y, a veces, la realidad te muestra otra.
Empecé a armar un borrador con historias de algunos tucumanos que ya están en Río Gallegos, Río Turbio o Pico Trucado y elaboré la propuesta. A veces le tenía fe, a veces no la consideraba muy potente frente a las historias de los centroamericanos, es distinta. La problemática de los migrantes en Centroamérica tiene otros obstáculos muy diferentes a los del sur.
En el Centroamérica son migrantes ilegales, se mezcla el narcotráfico, hay mucha violencia hacia las mujeres y en el trayecto de querer pasar a Estados Unidos, muchas personas pierden la vida.
Lo que descubrí en este trabajo es que en el sur es distinto, no hay migración ilegal, pero tienen otros obstáculos que pueden ser o iguales o peores, en el sentido del desarraigo.
“El libro está enfocado en quienes siguen ahí peleándola día a día”.MIGUEL VELÁRDEZ, PERIODISTA
Muchos llegan a Río Turbio sin saber siquiera cómo es el clima, sin la ropa adecuada para enfrentar ese clima. Llegan con una mano atrás y otra adelante, una mochila y la esperanza de conseguir un empleo, de trabajar en lo que sea, y eso es tan fuerte como lo que les pasa a los migrantes de Centroamérica. Si bien es distinto, hay que enfrentarlo.
También muchos quedan en el camino, hay gente que no soporta la vida con semejante viento, con la nieve y vuelven a sus lugares de orígenes con el fracaso en la espalda.
El libro está enfocado en quienes sí se quedaron, quienes siguen ahí peleándola día a día, trabajando, levantándose para cumplir con sus obligaciones y mantener a la familia.
Hay voces de tucumanos, salteños, litoraleños, riojanos, pero también de países vecinos, me encontré con peruanos, colombianos, venezolanos, hombres y mujeres que por distintas circunstancias llegaron a estas ciudades.
Hay otros que son hijos de migrantes. Entrevisté a gente en Río Turbio que trabaja en la mina de carbón y tiene la mamá tucumana y el papá chileno, algo tan natural en la zona de frontera.
LOA: ¿Qué fue lo que más te impactó?
MV: Son historias conmovedoras porque es gente laburante, gente que muchas veces no encontró una salida donde vivía y se fue a Río Gallegos con la esperanza de ahorrar la plata y después llevar a la esposa y a los hijos y ya estar toda la familia bajo un mismo techo.
Y a veces pasan años y no lo pueden concretar, siguen viviendo solos, vuelven una o dos veces al año a sus lugares de origen, saludan a la familia, comparten y regresan al sur para seguir trabajando.
Más allá de que hoy en día la tecnología te permite una videollamada, no es lo mismo. La videollamada tiene todavía la frialdad y la distancia de lo que implica sólo la tecnología.
Encontré un odontólogo peruano, de un pueblito que se llama Ocalli. Cuando terminó el secundario, su papá le decía que si quería ser alguien tenía que salir de Perú, él proyectaba irse a México o a Ecuador, pero no pudo y terminó en Argentina, en Córdoba, donde se recibió de odontólogo y cuando tuvo el título en la mano dijo: “Acá hay muchos odontólogos, tengo que ir a otro lugar”, se fue y se instaló en Río Gallegos.
“La videollamada tiene todavía la frialdad y la distancia de lo que implica la tecnología”.MIGUEL VELÁRDEZ, PERIODISTA
Es un hombre muy solitario, no le costó tampoco, porque es casi una vida solitaria en el sur. Me decía: ‘No me siento argentino, pero tampoco me siento peruano, soy extranjero’.
Hablando un poco de Perú, me contaba que él extrañaba comer hormigas culonas y me hablaba del sabor de las hormigas, crocante, como si nosotros habláramos de un asado argentino un domingo al mediodía.
Una venezolana que tenía s su papá trabajaba en la industria del petróleo en Venezuela, pero cuando estalló la primera crisis fuerte, salieron de Caracas y fueron a Colombia, ahí vivió dos años, después terminaron en Chile, siempre estaba buscando nuevos amigos y no tenía raíces en ningún lugar.
Después pasó a Santa Cruz y ahora, está instalada ahí y se siente muy cómoda. Dice que el único país donde no sufrió bullying o discriminación fue en Argentina. Dice que Río Gallegos es una de las ciudades más seguras del mundo, por su experiencia y tiene autoridad para decirlo. Esa tranquilidad que le da a Río Gallegos no la cambia por nada.
Cuando vino la pandemia, se quedó sin trabajo y buscándole una vuelta de tuerca, empezó a hacer unos pastelitos venezolanos para la familia y después para vender, creció y hoy es un emprendimiento familiar en Río Gallegos. Cada tanto puede salir de vacaciones, cosa que en Venezuela era imposible.
Argentina le abrió los brazos y le permitió vivir de su trabajo.
LOA: ¿Esta experiencia cambió algo en vos?
MV: A mí me enseñó muchísimas cosas este libro.
Al libro lo terminé de escribir mucho antes del Mundial, pero ahora lo que los jugadores están logrando con los partidos que sufrieron hasta el último minuto, entiendo de otra manera porqué Argentina es así, por qué la selección es un símbolo que representa a todos.
Por ejemplo, en Río Turbio, un grupo de mujeres nunca claudicó cuando decidió que podían hacer el mismo trabajo que los hombres y tener el mismo sueldo que los hombres, entonces empezaron a luchar para que les permitan entrar a la mina, más allá de las creencias, los mitos y las costumbres de décadas, y lo lograron.
Nunca bajaron los brazos y hoy están mano a mano con los hombres en un entorno machista, siendo que el machismo es una cuestión que está instalada en la sociedad que va a llevar décadas.
Creo que lo que hicieron esas mujeres merece ser contado porque sirve para las nuevas generaciones como un ejemplo de fuerza y ahí es donde, lo asocio a la selección, por eso es que Enzo Fernández sigue corriendo hasta el último minuto, como Vanesa Galván se levanta todos los días y hace cinco kilómetros de caminata entre ida y vuelta dentro de la mina de Río Turbio, hay similitudes.
LOA: Hay una cuestión de entrega.
MV: Total, de esfuerzo, y de decir: “Me estoy cayendo, pero me tengo que levantar a la mañana siguiente” y volver a trabajar, criar a los hijos, volver del turno de trabajo y sentarse a hacer las tareas de la escuela con los chicos, no es que termine cuando uno vuelve, se quita las botas y a descansar.
LOA: ¿Dirías que es una característica más marcada en los migrantes, pero al mismo tiempo que forma parte de la identidad argentina
MV: Sí, lo asocio. Está en el ADN, somos hijos de inmigrantes también, y creo que de esa mezcla termina saliendo algo bueno.
Más allá de realidades, que la política hoy en día te pueda dar cachetadas de vez en cuando, pero siempre hay gente que quiere salir, se esfuerza, trabaja, lo logra y esos ejemplos son los que hay que tomar para poder respetar este país.
LOA: ¿Qué significa para vos haber ganado la beca y que el libro ya esté publicado?
MV: Es grandioso, me encanta contar historias y tener lectores. Estoy recibiendo devoluciones y son muy emotivas, a mí me dejan sin palabras muchas veces.
Recibo un audio de un veterano periodista que ya está retirado, pero que leyó las primeras páginas del libro y es como que logré transmitir los mismos sentimientos que tuve cuando hacía el recorrido.
Siento que las veces que me emocioné con estas historias, esa emoción pude volcarla en la escritura y de ese modo, llega a los lectores.
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