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Por Hugo Ferrer
A casi 400 kilómetros de la Capital Federal, y a 30 km de Bolívar (donde nací), está Herrera Vegas, donde pasé mi infancia. Pertenece al partido de Hipólito Yrigoyen, donde la ciudad cabecera es Henderson, en la provincia de Buenos Aires.
Cien habitantes y calles de tierra. Hoy tiene luz, pero hubo una época de faroles a gas y kerosene; luego las viviendas se iluminaron con un generador (“motor”), que se encendía a las 18 y se apagaba a las 24. Desde hace años, la energía eléctrica es normal.
El 24 de marzo de 1976, a la madrugada, escuchaba radio Colonia en una portátil a pilas. Gran compilado de éxitos musicales (muy populares) y noticias. Los tradicionales boletines y cortina musical. Su fuerte era la información de Argentina, más que las de Uruguay. (“Si querés saber algo, escuchá Colonia”) Y así, era común escuchar el encabezado: “Buenos Aires…..”. Y luego el desarrollo. Todo queda grabado en la memoria. Tremendo.}
Locura por la primicia
Aquella madrugada un alto oficial se comunicó con los comandantes generales. Una contraseña fue la clave: “La perdiz cayó en el lazo”. Mientras se desarrollaba el Golpe en la Casa Rosada se cortaban las comunicaciones. Ya era ocupada por tropas militares.
El periodista Juan Rey “Romito” Romito (tenía 76 años), se comunicó con El Cronista Comercial: “Escuche, óigame bien jefe, ¡Empezó el golpe!”.
Alfredo Bufano, de La Prensa, avisó por walkie-talkie a Noticias Argentinas.
Era casi la una de la madrugada cuando Rodolfo Baltiérrez, ex embajador y periodista de La Nación, llamó al canciller Raúl Quijano: “Escuche la radio, van a pasar comunicados militares”.
El helicóptero de Isabelita
Y yo fui uno de esos miles de oyentes que con mis 11 años, así, me enteré por radio del Golpe Militar. El inolvidable locutor Ariel Delgado, dijo: “Hay más informaciones para este boletín”. Y luego… “Buenos Aires. Una Junta de Comandantes asumió esta madrugada el poder en Argentina. Tanques y tropas del ejército con pertrechos de guerra ocuparon el casco céntrico de la Capital Federal. Según trascendidos, la ex presidenta (Isabel Perón) era conducida a la presidencia de El Messidor sobre la cordillera de los Andes, en la patagónica provincia de Neuquén, a 1700 kilómetros de Buenos Aires”.
Esa madrugada, mi mamá Teresa dormía, al igual que mis hermanos Zulma y Silvio. Mi papá Hugo, en Henderson. Había ido a jugar un partido de fútbol nocturno, donde también jugaba Hugo Caniggia, el padre de Claudio, “El Pájaro”. Mi papá jugaba de 8 y el otro Hugo, de 9. Ambos eran cracks. Parece deporte en el recuerdo, pero también es la vida en el recuerdo.
La camiseta número 7
A todo esto, yo estaba despierto, iluminado con una lámpara de kerosene, luz amarilla. ¿Qué hacía levantado? Cosía el número 7, de color blanco, sobre una remera roja o “colorada”, simil a la camiseta alternativa de Huracán. Yo creía que era como la del Globito. Soy hincha de Boca, pero mi ídolo era René Houseman. Para mí fue como el Maradona o Messi de aquellos años. Cuando jugaba con mi hermano Silvio en el campito, lleno de matas, lo imitaba: lo hacía con las medias bajas y simulaba las vendas con hojas de papel canson blanco recortadas. Quería que se vieran “iguales”, como las fotos que salían en El Gráfico. Sólo “cuando yo era René”, no usaba “La Biblia del fútbol”, como canilleras.
Los tanques en Casa de Gobierno
A esa edad era canillita. Vendía en el bar de la familia Ferriols, en Herrera Vegas, frente a la plaza, el diario La Mañana de Bolívar y las revistas que con mi papá íbamos a buscar a Casa Mazzuca (de la familia del conductor Guillermo Mazzuca). Llevábamos GENTE, El Gráfico, Goles, Para Ti, Chacra, Nocturno, Billiken, Anteojito y Así (en sus tres colores: negro, verde y marrón). Los clientes, que en su mayoría trabajaban en el campo, ya las habían reservado. Antes también se aprendía a leer leyendo revistas. Y en el caso de GENTE, me acuerdo como si fuera hoy, cuando vi la tapa del Golpe: tanques en la vereda de Casa de Gobierno. Sin televisión, además de la radio, el diario y la revista eran las fuentes de información.
Es importante tomar la magnitud de lo que eso significaba. La imagen del nuevo poder, un símbolo que marcó al país para siempre.
El día después de mi ingreso en la revista GENTE, el jueves 16 de diciembre de 1982, se realizó la marcha multipartidaria en Plaza de Mayo.
Fue multitudinaria. Y fue un día también de violencia y muerte. En la “isla” de cemento frente al Cabildo, en Bolívar e Hipólito Yrigoyen, cayó asesinado Dalmiro Flores, trabajador de la UOM, 28 años, de Salta.
Se viene la Democracia
En 1983, el camino a las elecciones fue vertiginoso. Los actos del PJ y la UCR se multiplicaron en todo el país. Hasta que llegamos al miércoles 26 y viernes 28 de octubre, los cierres de Raúl Alfonsín e Italo Argentino Luder, respectivamente. El peronismo nunca olvida cuando Herminio Iglesias prendió fuego un cajón. El Obelisco desbordado, como nunca. Más de un millón de personas cada uno. Fueron dos actos inolvidables. Tan inolvidable como subir los peldaños de la escalera del Obelisco para llegar a la punta. Desde ahí, el fotógrafo (y mucho más: artista visual) Claudio Divella sacó, las históricas fotos de los dos pueblos apoyando a sus candidatos. Fue arte, es historia. Esas imágenes todavía emocionan.
Y llegó el día. Domingo 30 de octubre de 1983.
El país votaba. Domingo de sol pleno. Alegría. Los nombres de los famosos del momento fueron foto y testimonios: Bernardo Neustadt, Graciela Borges, Ernesto Sábato, Adriana Brodsky, Hugo Gatti, Mirta Legrand, Daniel Tinayre, Carlos Bilardo, Osvaldo Terranova, Saúl Ubaldini, Carlos Reutemann, Juan Manuel Fangio, Mario Sapag, Ubaldo Matildo Fillol, entre otros. El voto del Proceso: Leopoldo Galtieri, Reynaldo Bignone, Jorge Rafael Videla, José Martínez de Hoz; y el voto político: Fernando de la Rúa, Oscar Allende, Alvaro Alsogaray, Alejandro Armendáriz, Victor Martínez y Herminio Iglesias.
Los que votaban por primera vez y los que soñaban con un país mejor.
Adrián van der Horst, el periodista de GENTE que vivió paso a paso esa jornada épica para la democracia junto al candidato y luego presidente, le preguntó a Alfonsín:
- Don Raúl, ¿se acaba la dictadura para siempre?
- Sí, se acaba. Hoy arranca una Argentina distinta.
Eran las 9 de la mañana. En Chascomús, la ciudad natal, su casa en la calle Lastra 228 fue un desfile de amigos y correligionarios. Expectativa porque Alfonsín iba a votar, después de siete años de dictadura.
Un Ford Falcon amarillo lo llevó hasta la Escuela Municipal Numero 1 de Chascomús. Llegó a las 9.35. Lo recibieron con un “¡Se siente, se siente, Raul es presidente!”. Casi 40 reporteros gráficos, 20 cronistas y 9 canales de televisión. Estuvo sólo 45 segundos en el cuarto oscuro. Votó Alfonsin.
Alfonsín presidente
Luego viajó a San Isidro, a la casa de su amigo Alfredo Odorisio, en la calle Cura Allievi 55, con su esposa María Lorenza Barreneche. Hubo un asado sólo con los allegados. Margarita Ronco, su secretaria privada, supervisó todo. El futuro presidente comió un asado de tira a la parrilla, una ensalada mixta, tomó un vaso de vino y, de postre, un helado. Siesta. Alrededor de las 17 ya tenía la información de las principales mesas electorales. Después del cierre de los comicios se lo vio caminar por los jardines. Llegaron sus hijos Raúl, Ricardo, Javier, Marcela, María e Inés (viajó desde Oklahoma para acompañarlo). También estaban su médico, José “Pepe” Astigueta; el candidato a vicepresidente, Victor Martinez; el actor Luis Brandoni y su esposa Marta Bianchi; David Ratto, el inolvidable publicista que dirigió la campaña; el economista Roque Carranza; Aldo Neri, futuro ministro de Salud Pública; Conrado Storani, Germán López, y el periodista, productor y gran amigo, Eduardo Metzger, y quien luego fuera su vocero, José Ignacio López.
Alfredo Odorisio había ofrecido su quinta para esperar el resultado. Luego se transformó en el búnker para el armado del primer gobierno democrático (¡si habremos hecho guardias periodísticas durante días, “rotando” los cronistas, fotógrafos y remises!). Durante todo el domingo, 10 empleadas atendieron a los invitados. Se bebieron más de 100 litros de gaseosas, 30 litros de vino, algunas botellas de whisky, 200 empanadas de came y vitel toné.
En uno de los dormitorios Alfonsín y los más allegados siguieron por televisión los resultados, mientras el Comité Nacional de la calle Alsina y Entre Ríos, en la Capital Federal, se colmaba de radicales.
En el país ya se vibraba el triunfo. Se conocían los datos de las provincias. Boinas blancas, pancartas y carteles desbordaban.
Pasadas las 23, Alfonsín ya se sentía ganador. El escrutinio final fue contundente: 52% (7.6659.530 de votos) contra el 40% de Lúder (5.936.556 de votos).
Euforia, abrazos, lágrimas, saltos, gritos. Alfonsín presidente.
En el jardín de la quinta dio las primeras declaraciones.
- Doctor, ¿cuál sería el mensaje que usted le daría a sus adversarios políticos?
- Que procuremos entre todos afianzar la democracia que se inicia levantando las banderas de la unión nacional colaborando en la forma que lo deseen porque necesitamos de todos los argentinos para superar nuestros problemas
- ¿Usted va a dar cabida a otras fuerzas políticas para que colaboren en la gestión de gobierno?
- Lo he dicho siempre, también en la propia interna radical para que ningún correligionario se pueda sentir sorprendido: nosotros anhelamos formar un gobierno de unión nacional.
Domingo 30 de octubre de 1983. Ganó Alfonsín. Esperanza. Se imaginaba un nuevo país.
La UCR le ganó al PJ, el radicalismo al peronismo. Vi abrazarse a militantes de ambos partidos. Festejaban el triunfo de la democracia. Comenzaba oficialmente el adiós de la dictadura.
El destino existe. Casi ocho años después del Golpe Militar, el 10 de diciembre de 1983, me tocó estar en Casa de Gobierno. No estaban los tanques, como los había visto en aquella tapa de GENTE.
Que quede claro: no era como es ahora. Había peatones y se podía caminar por Balcarce. Desde hace años, vallas y rejas que van y vienen. Todo cambió.
Del adiós al Golpe a la fiesta del pueblo
Aquel día que Raúl Alfonsín asumió como presidente, fui con el fotógrafo Antonio Legarreta, uno de los más grandes que tuvo Editorial Atlántida, a Casa de Gobierno. Eran las ocho de la mañana. Sol. Sábado espléndido. Llevamos todos los diarios. La foto era simbólica: así se mostraba el regreso de la Democracia. Los apoyamos sobre el cordón de la vereda y la foto tuvo la perspectiva de la Casa Rosada de fondo. Recordarlo hoy, me parece un sueño.
Alfonsín revolucionó las calles. Después de la jura en el congreso, el recorrido en auto, descapotado, junto a la primera dama, María Lorenza Barreneche. Llegaron al Cabildo para el gran acto y discurso en el balcón. Estuve ahí abajo. Todos apretados sobre la calle Bolívar. Se respiraba Democracia. Y un dato no menor: estaba a metros de “la isla” de cemento donde hacía casi un año atrás habían matado a Dalmiro Flores. La vida nueva de un país y el recuerdo de la muerte, sólo a pasos de distancia.
En ese lugar, hoy no hay nada. Hace días salí de la confitería Pertutti, en Bolívar e Hipólito Yrigoyen, y pasé por ahí. Ni un recuerdo. Hubo una placa que descubrieron las Madres de Plaza de Mayo en 1985. ¿Fue arrasada? ¿Quién borró la memoria?
El 24 de marzo de 2023, el Cabildo fue otra vez protagonista. Multitudinaria marcha. Desde todos lados del país confluyeron en Plaza de Mayo. Escenario lateral, muchos discursos y banderas.
Martes 24 de marzo de 2026. Pasaron 50 años del Golpe y los recuerdos van y vienen.
No están los tanques que vi en la foto de GENTE de 1976.
Como lo hice el 10 de diciembre de 1983, los diarios en la Casa Rosada.
Detrás del escenario, de espaldas a Casa de gobierno, más seguridad, carros hidrantes y patrulleros.
Estoy otra vez frente a Casa de Gobierno. Vallas y escenario. Banderas. Un acto. Música que suena. Palabras y dolor. Memoria.
No fue unánime el recuerdo del Golpe. La tapa de Crónica sí, y habla: Nunca Más.
Ayer, hoy y mañana: periodismo, memoria y democracia, siempre.
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