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Una mañana calurosa en Caleta Olivia marcó el comienzo de un viaje que había empezado mucho antes de que los motores de los colectivos se pusieran en marcha este sábado. En la parroquia San Juan Bosco, las valijas, las mochilas, las conservadoras y los abrazos anticipaban lo que sería una experiencia especial para alrededor de 180 peregrinos de la Patagonia que se preparaban para partir rumbo a Buenos Aires, en el marco de la visita apostólica del papa León XIV.
Desde Río Gallegos, Puerto Deseado, Rawson, Comodoro Rivadavia, Puerto Deseado y otras localidades de la región, comenzaron a llegar personas que compartían una misma ilusión. Algunos viajaban en familia, otros con integrantes de sus comunidades religiosas y también estaban quienes se sumaban individualmente. La diversidad de edades y procedencias tenía un punto en común: la expectativa de participar de un acontecimiento que muchos esperaban desde hacía tiempo.
En las puertas de la parroquia San Juan Bosco, el movimiento era constante. Mientras algunos terminaban de acomodar sus pertenencias, otros se reencontraban, conversaban y colaboraban con los preparativos. Había niños, jóvenes y adultos mayores. También familiares que se acercaron para despedir a quienes emprendían el recorrido.
Se respiraba un clima de esperanza, fe y unión. La alegría de partir, la emoción por lo que vendría y la certeza de que el camino también formaba parte de la experiencia se mezclaban en una mañana en la que la comunidad se convirtió en protagonista.
Preparados, listos…
La dimensión de la convocatoria fue confirmada por el padre Raúl, quien acompañó la organización de la peregrinación y estuvo presente en la parroquia durante las horas previas a la partida.
“Alrededor de 180 personas viajamos entre , Caleta y Comodoro Rivadavia. Son tres colectivos que van a salir”, explicó a La Opinión Austral.
La demora de las unidades extendió la espera, pero no modificó el entusiasmo de quienes ya estaban reunidos.
“Ya estamos por salir. Están un poco demorados los colectivos, pero ya están llegando. Con esa alegría de poder ir a compartir con el Santo Padre”, expresó el sacerdote.
Al referirse a lo que significaba este encuentro, el padre Raúl destacó la importancia de vivir la experiencia junto a otras personas y compartir la emoción de estar cerca del Pontífice.
“Que disfruten este momento con esa emoción de tener al Santo Padre y con la alegría de estar compartiendo con todos. Porque hay que compartir para vivir y experimentar la presencia del Señor”, fue el mensaje que dejó para los peregrinos y para la comunidad de Santa Cruz.
La iniciativa fue impulsada desde la agencia de turismo Viajes con Alma, a cargo de Gabriela Reyero, junto con el acompañamiento de comunidades religiosas y sacerdotes de la región. La organización contempló tres colectivos y una estadía en la casa de retiro Villa Marista, en Pilar, desde donde los peregrinos se trasladarían para participar de las distintas actividades previstas en Buenos Aires y Luján.
“Vamos en clave de peregrinación”, explicó Reyero al hablar sobre el sentido de la propuesta. La iniciativa comenzó a tomar forma cuando se confirmó la visita del Pontífice a la Argentina. “Dijimos: ‘Bueno, vamos. Vamos, ¿quién viene?’. Y ahí empezamos a organizar”, recordó.
La convocatoria reunió a personas de distintas edades y realidades. Para la organizadora, una de las cuestiones más significativas fue precisamente esa diversidad: familias, adolescentes, niños acompañados por sus abuelos y adultos mayores que recordaban otras visitas papales al país.
“Que vengan también familias, adolescentes presentes y niños con sus abuelos, la verdad que enorgullece y alegra el corazón”, expresó.
Un viaje que también se construyó en comunidad
Detrás de los tres colectivos hubo semanas de organización, encuentros y distintas iniciativas para reunir los recursos necesarios. Porque peregrinar también implica un esfuerzo económico y colectivo: el traslado, el alojamiento, la alimentación y cada uno de los gastos que supone recorrer cientos de kilómetros desde la Patagonia hasta Buenos Aires.
En ese camino, las comunidades religiosas tuvieron un papel fundamental. Desde Cristo Obrero, por ejemplo, un grupo de fieles organizó ventas de empanadas y otras actividades para colaborar con los costos del viaje.
César Córdoba, uno de los peregrinos, contó que viajaba junto a integrantes de esa comunidad y destacó el valor del trabajo compartido. “Hicimos venta de empanadas, hicimos San Ramón y sirvió como para ayudar a paliar un poco el tema de los gastos. Eso es trabajar en comunidad y en fraternidad. Eso es muy importante”, relató.

Para él, el viaje representa mucho más que la posibilidad de estar cerca del Papa. “Es un camino de fe”, definió. Y al referirse al mensaje que esperaba encontrar en este encuentro, expresó su deseo de que la visita contribuya a superar las divisiones y fortalecer los vínculos entre las personas.
“Que haya paz, que haya fraternidad, que el encuentro sea de hermanos, de corazón”, manifestó.
La esperanza también estaba puesta en los mensajes que León XIV pudiera transmitir durante su paso por el país. Para Marcela Martínez, integrante del grupo de oración Jesús Misericordioso, la familia y la unión son dos de los aspectos centrales de las enseñanzas del Pontífice.
“Lo seguimos al Papa porque da muchos consejos muy lindos para la familia. Está hablando mucho de la familia, para que nos mantengamos unidos en oración y para que haya más amor entre los hermanos”, contó.
Marcela viajaba acompañada por una integrante de la comunidad del Sagrado Corazón de Jesús. Como tantos otros participantes, llevaba consigo no solamente sus pertenencias, sino también sus propias expectativas y una historia personal vinculada con la fe.
De los 10 a los 80 años, una misma expectativa
Entre quienes aguardaban la partida había personas de distintas generaciones. La coordinadora de uno de los colectivos, Malena Zimmerman, contó que en su unidad viajaban 58 personas y que el grupo estaba integrado por pasajeros de aproximadamente 10 a 80 años.
Para ella, asumir esa responsabilidad también tenía un significado personal. Estudiante universitaria, había tenido dudas sobre cómo compatibilizar las fechas del viaje con sus obligaciones académicas. Finalmente, decidió participar.
“Para mí es un regalo de Dios porque el viaje me cayó del cielo, literalmente”, expresó.
La joven explicó que la oportunidad de vivir un encuentro de estas características tenía un valor especial, especialmente por el tiempo transcurrido desde la última visita de un Papa a la Argentina.
“Estoy con la expectativa de sentir a Dios cerca, de conectarme con todos mis hermanos. Me imagino que esta oportunidad no me cayó del cielo para nada”, sostuvo.
Entre sus ilusiones también estaba participar de la vigilia de los jóvenes y conocer la Basílica de Luján, un lugar que soñaba visitar.
Pero Malena también tenía un mensaje para quienes todavía no encuentran un espacio dentro de la Iglesia o sienten distancia respecto de las comunidades religiosas.
“Creo que peregrinar, ir juntos, ir a escuchar con el corazón abierto, es lo que nos espera allá”, reflexionó. Y agregó: “La santidad no es ser perfecto, no es ser religioso. La santidad es estar siempre al lado de Dios”.
Su mirada resumía parte del espíritu con el que el grupo se preparaba para llegar a Buenos Aires: compartir, escuchar, encontrarse y vivir la fe desde la experiencia comunitaria.
Señales de Dios: una boda en medio de la espera
Mientras la parroquia San Juan Bosco se llenaba de peregrinos que aguardaban la llegada de los colectivos, otra celebración encontraba su lugar en medio de aquella jornada. Una pareja perteneciente a la comunidad boliviana decidió unir sus vidas en matrimonio, bajo la bendición del diácono Mario Sosa.
Yamil Laime y Judith Terrazas dieron el sí frente a Dios, acompañados por familiares y amigos que fueron testigos de la ceremonia. Una escena que sumó un significado especial a la mañana.
El ingreso de los novios tuvo sus propios momentos de emoción. Yamil llegó a la iglesia vestido con un traje verde y, minutos más tarde, hizo su entrada Judith, acompañada por su madre. Detrás de ella avanzaban las damas de honor y un grupo de chambelanes que formaron un arco de rosas para recibirla.
La celebración había demandado diez meses de preparativos. En la tradición de esta comunidad, la organización de los casamientos puede extenderse incluso durante dos años. La festividad no se limita a la ceremonia religiosa: comprende tres días de encuentros y celebraciones que se comparten con familiares, amigos y vecinos.
Así, en una misma mañana, la parroquia fue escenario de dos experiencias diferentes, pero atravesadas por un mismo sentido de comunidad: la peregrinación de quienes partían al encuentro del Papa y la unión de una pareja que comenzaba su vida matrimonial, bajo la bendición de Dios.
La Patagonia unida
La partida tuvo algunos momentos de demora mientras aguardaban la llegada de los colectivos. Sin embargo, la espera no modificó el entusiasmo de quienes ya estaban reunidos frente a la parroquia. Al contrario, permitió que se multiplicaran las conversaciones, los testimonios y los últimos preparativos.
La incertidumbre que había generado el estado de salud del Papa durante los días previos tampoco había debilitado la decisión de viajar.
Gabriela recordó que, como organizadores, atravesaron ese período con tranquilidad y confianza. “Nunca dudamos de que él iba a venir. Lo único que había que hacer era ponerse a rezar y pedir por la salud del Papa”, señaló.
La delegación tiene previsto llegar a Buenos Aires este domingo por la tarde. Desde allí organizarían los traslados para participar de las actividades religiosas en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y en Luján.
La agenda incluye también momentos de descanso y espacios para compartir entre los integrantes de la delegación.
En la zona norte de Santa Cruz, este sábado tuvo algo más que el movimiento habitual de una despedida. Fue el punto de encuentro de personas que llegaron desde diferentes localidades, con recorridos personales distintos, pero con una misma decisión: ponerse en camino para participar de la visita del papa León XIV.
Cada aporte, cada encuentro y cada persona que se sumó formaron parte de una construcción colectiva que tuvo su primera imagen frente a la parroquia San Juan Bosco.
Cuando finalmente llegó el momento de partir, los colectivos emprenderían no solamente un viaje con la bodega llena de bolsos, valijas y conservadoras; si no también con las expectativas de familias, jóvenes y adultos mayores que, desde distintos lugares de la Patagonia, eligieron encontrarse en el camino de la unión, esperanza y la oración.
Desde Caleta Olivia, la Patagonia emprendió así su propio camino hacia el encuentro con León XIV. Un viaje en el que la fe fue el punto de partida, pero la unión, la emoción, la fraternidad y las historias compartidas fueron parte de todo el recorrido.
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