RELATOS DE VIDA

Aurora y su historia con el líder de las huelgas rurales

En 1936, Aurora tenía tres años y quedó al resguardo de Antonio “el gallego” Soto, uno de los principales dirigentes anarcosindicalistas que lideró las Huelgas de 1920 en la Patagonia. Se crió con la familia Soto - Cárdenas en Punta Arenas hasta 1950, cuando volvió a su ciudad natal. A 100 años de los sucesos históricos, Aurora contó cómo era vivir en la casa de uno de los más “rebeldes” del sur.

Por La Opinión Austral


Aurora Cárdenas Irribarra nació el 29 de mayo del año 1933 en la ciudad de Puerto Natales, situada al sur de Chile, en la Región de Magallanes y de la Antártica Chilena.

 

 

 

Es la cuarta hija del matrimonio de Honorio Cárdenas Ulloa y Rosalía Irribarra Pedrero, del cual nacieron otros dos hermanos.

Mientras que, luego del divorcio de sus padres, su madre tuvo otros cinco hijos de su segundo matrimonio. Siendo un total de 11 hermanos, Aurora es la mayor de ellos, con 87 años.

 Aurora Gallego Soto
Aurora Gallego Soto

Aurora proviene de una familia, además de numerosa, humilde. Vivió la mayor parte de su vida en el marco de una sociedad machista, donde el hombre trabajaba y la mujer se quedaba en el hogar al cuidado de los hijos.

 

 

 

 

El padre de Aurora tomaba un tren todas las mañanas que lo llevaba a su trabajo, el Frigorífico Bories, ubicado a 4 km de la ciudad. Actualmente, en ese mismo lugar, hoy funciona un lujoso hotel de la cadena The Singular Hotels.

 

 

 

 

Honorio era hermano de Dorotea Cárdenas, quien luego sería la mujer de Antonio Soto Canalejo, conocido históricamente como “el gallego” Soto, uno de los principales dirigentes anarcosindicalistas en el periodo de las huelgas rurales revolucionarias de 1920, ocurridas en la Patagonia Argentina.

 

Entre 1936 y 1950, por complicaciones familiares, Aurora fue criada por sus tíos Antonio y Dorotea.

“Me dieron lo mejor”

Los padres de Aurora se separaron y dividieron la tenencia de sus hijos. Honorio, al estar solo y no poder criar a todos por su cuenta, le pidió a su hermana Dorotea, mujer del sindicalista, que cuide de uno de ellos.

 

 

 

 

 

Ese hijo, elegido al azar, sería finalmente Aurora.

Aurora vivió desde los 3 años de edad hasta los 17 con sus tíos Antonio y Dorotea, que hasta ese entonces no tenían hijos. El matrimonio vivía en Punta Arenas, ubicada a 247 km de Puerto Natales, por lo que debió separarse de sus padres y hermanos.

Los tíos de Aurora le dieron la educación que sus padres biológicos no podían garantizarle, vivió esos años en un clima de estricta crianza, como lo era antiguamente.

Durante la convivencia con sus tíos, el “gallego” ya había dejado el sindicato y dedicó su vida a los dos restaurantes de los cuales era dueño, pero siempre cerca de la lucha de los trabajadores.

“Ellos me dieron la mejor educación durante el jardín y luego en el colegio, me mandaron al Liceo de Niñas Sara Braun, en Punta Arenas. Antonio y Dorotea me querían a mí como a una hija”, relató Aurora, hoy a sus 87 años, a La Opinión Austral.

 

 

 

 

 

Vivió su niñez y adolescencia en la casa de la familia Soto y, si bien los recuerdos son borrosos, no olvida el amor y dedicación del “gallego” y su mujer, Dorotea.

 

 

 

 

La nostalgia invade el relato de Aurora que, pese a haber sido criada en un buen entorno en la casa de los Soto, debió separarse de sus hermanos y sus padres. A su madre no la vio durante varios años mientras vivía en Punta Arenas.

Su padre, en paralelo, hacía todos los esfuerzos económicos y emocionales para poder sostener al resto de los hermanos de Aurora por su cuenta.

 

 

 

 

Mientras tanto, ella pasaba sus días lejos de Puerto Natales, adaptándose a una familia que la recibió con las puertas abiertas.

“Siempre me criaron muy bien, no como sobrina ni nada, era como una hija. Recuerdo que, incluso, tenían a una niñera que me cuidaba cuando era más chica. Después fui a un jardín excelente y el colegio era un liceo de primera, así fui criada hasta que volví a Puerto Natales”, describió.

 

 

 

 

 

 

Durante los años que vivió en la casa de la familia, Dorotea llevaba a Aurora a la casa de su hermano, para que pudiera ver, aunque sea en vacaciones, a su papá y hermanos.

 

 

 

 

“Nunca me dejaron sola, me compraban regalos y todo lo que necesitaba. Me crié muy bien con ellos porque me querían con mucho amor”, agregó Aurora.

 

 

 

 

 

Cada Navidad, Dorotea le compraba regalos a los hermanos de Aurora y la llevaba en su auto a pasar las fiestas a Puerto Natales.

Pasaba algunas vacaciones y, cuando comenzaba el periodo escolar, retornaba a Punta Arenas con la familia Soto.

 

 

 

 

 

Cuando Aurora ya tenía 17 años, a pedido de Honorio, su padre, vuelve a vivir con él y sus hermanos en Puerto Natales. Aún hoy mantiene relación con Isabel Soto, la hija del líder sindicalista.

“Siempre seguimos en contacto. Cuando yo me fui a vivir a Santiago de Chile, muchos años después, me iban a visitar porque Isabel se fue a estudiar allá para ser partera”, contó Aurora.

 

 

 

 

Entre sus memorias, recuerda la calidez de sus tíos y todo lo que le brindaron en un contexto social complejo, luego de la exhaustiva lucha que tuvo como protagonista al líder sindical.

 

 

 

 

 

“El después”

Cuando vuelve a vivir con su padre y sus hermanos en Puerto Natales, comienza sus actividades en una escuela técnica, en la cual le enseñaban costura y otras tareas domésticas.

 

 

 

 

La economía en el hogar era delicada, por lo que Aurora comienza desde muy joven a trabajar en casas domésticas para brindar ayuda a su padre y hermanos.

 

 

 

 

 

A los 19 años se independizó trabajando y volvió a Punta Arenas, allí conoció a quien sería su esposo, Hugo, con quien tuvo dos hijos, Olga y Roberto Becerra.

 

 

 

 

 

Ya con su familia formada, se fueron a vivir a Santiago de Chile, donde vivieron 21 años hasta que se separó de Hugo.

Recién para esa época, retomó el contacto con su madre, a quien no veía desde la separación de sus padres y previo a vivir con el gallego Soto.

 

 

 

 

Aurora partió con sus dos hijos a Río Gallegos, para reencontrarse con su madre y sus hermanos y residir definitivamente en la ciudad. En febrero de 1976 saca la carta de ciudadanía argentina

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