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En pleno verano austral, lo que comenzó como un foco ígneo en zona de bosque terminó convirtiéndose en una de las emergencias forestales más complejas de la cordillera. Las llamas avanzaron durante semanas en cercanías de Cholila, empujadas por altas temperaturas, viento persistente y una sequía que volvió extremadamente vulnerable a la vegetación nativa.
En ese escenario, cuando el operativo inicial fue superado por la magnitud del incendio, comenzaron los pedidos de ayuda a distintos puntos del país. Entre las respuestas que llegaron estuvo la del Cuartel de Bomberos Voluntarios de Las Heras, Santa Cruz.
El fuego que avanzaba sin tregua
El incendio se inició a fines de diciembre en sectores cercanos al Parque Nacional Los Alerces y se fue propagando con rapidez. Los focos se multiplicaban, algunos incluso avanzaban de manera subterránea a través de raíces y materia orgánica seca, reactivándose cada vez que subía la temperatura o soplaba el viento.
Con el correr de los días, el fuego comenzó a acercarse peligrosamente al casco urbano de Cholila. Las columnas de humo se volvieron parte del paisaje cotidiano y la preocupación crecía entre los vecinos.
Viajar para estar donde más se los necesitaba
La posibilidad de colaborar surgió a través de un contacto personal. Alejandro Moleda, camionero radicado en Las Heras y habitual viajero hacia la comarca andina, se acercó a Luis Saraza con una propuesta concreta: había que llevar ayuda.
Saraza, jefe del cuartel, realizó las gestiones ante Protección Civil de Santa Cruz, encabezada por Sandra Gordillo, quien articuló con autoridades de Chubut para formalizar la convocatoria. Desde Comodoro Rivadavia, una empresa privada facilitó un tanque de 25.000 litros.
Con el camión, el tanque y una motobomba del cuartel, partieron hacia la cordillera. La idea inicial era permanecer seis o siete días. La realidad extendió la estadía a catorce.
“Nos estábamos por volver cuando nos pidieron quedarnos un poco más. El viento y las altas temperaturas habían reactivado varios focos”, relató Saraza a La Opinión Austral.
La función fue clara y estratégica: abastecer de agua.
El camión cisterna recargaba autobombas, camionetas con cubas y también cisternas desde donde cargaban helicópteros con baldes. Incluso trabajaron en el aeropuerto local abasteciendo aeronaves hidrantes.
Hubo noches en las que el trabajo se extendió hasta las dos o tres de la madrugada. El fuego se acercaba al pueblo y la prioridad era sostener el frente defensivo.
“Mirábamos el pronóstico todos los días. Si anunciaban 30 grados y viento, sabíamos que iba a ser complicado”, explicó.
Doce horas continuas en terreno, humo permanente, calor, polvo y tensión constante. El desgaste físico y mental fue acumulativo.
Un país movilizado
El incendio convocó brigadistas y bomberos de distintos puntos de Argentina. Según contó Saraza, trabajaron junto a dotaciones de El Hoyo, Esquel, Trevelin, Corcovado y brigadas forestales provinciales. También llegaron equipos de San Luis, Córdoba, Buenos Aires, Salta y Jujuy.
La rotación era necesaria: mientras algunos descansaban, otros ingresaban al frente activo. El operativo era coordinado por Protección Civil y autoridades provinciales.
En paralelo, la comunidad local sostuvo la logística. En el gimnasio municipal se organizaban las comidas; en muchos casos las viandas eran llevadas directamente a los sectores de trabajo.
El agradecimiento de los vecinos fue constante, “Entrábamos a un comercio y cuando decíamos que habíamos ido a ayudar, el cariño era enorme”, recordó el jefe del cuartel.
Las pérdidas que duelen: Aunque el casco urbano logró ser protegido, el saldo fue duro. Se estimaron alrededor de 55.000 hectáreas afectadas. Hubo pérdidas materiales y una importante mortandad de animales. Productores ganaderos vieron desaparecer en cuestión de horas el trabajo de años.
“Es gente que empieza de cero, que cría animales con muchísimo esfuerzo. Es muy triste ver cómo se pierde todo tan rápido”, expresó Saraza.
El alivio que llegó del cielo
Después de semanas de combate, la lluvia y luego la nieve cambiaron el escenario. Las precipitaciones ayudaron a enfriar el terreno y a contener los focos activos.
De acuerdo a comunicados oficiales del Gobierno de Chubut y reportes de medios regionales, el incendio se encuentra actualmente controlado, sin grandes frentes activos. Sin embargo, brigadistas continúan realizando recorridos y monitoreos para detectar puntos calientes y evitar reactivaciones.
“El fuego puede quedar latente bajo tierra. Hay que verificar todo”, explicó Saraza. La etapa ahora es de vigilancia y evaluación de daños, mientras comienza lentamente el proceso de recuperación productiva y ambiental.

Vocación que no descuida su pueblo
Saraza viajó solo como representante del cuartel para no desatender la operatividad en Las Heras. Mientras él trabajaba en la cordillera, el cuerpo activo quedó a cargo de la guardia y respondió a las intervenciones habituales en la localidad, en coordinación con la División Cuartel 11°. La decisión no fue improvisada: fue estratégica y pensada para sostener el servicio en ambos frentes.
“Esto es vocación. Nadie cobra sueldo. Mujeres y varones tienen la misma responsabilidad. Todos aprenden todo”, explicó el jefe del cuartel, al remarcar que el compromiso no termina cuando se apaga un incendio.
La Asociación Civil de Bomberos Voluntarios de Las Heras nació en 2018, en un viejo galpón familiar y con un camión usado como único recurso. Desde entonces, el crecimiento fue paulatino, sostenido por capacitaciones, esfuerzo comunitario y una convicción que se repite en cada intervención, servir sin descuidar el propio pueblo.

Catorce días que dejaron huella
El regreso fue tranquilo. Sin lesionados, con la misión cumplida y con la certeza de haber aportado en un momento crítico. Catorce días lejos de casa, abasteciendo agua bajo temperaturas extremas, trabajando de madrugada y defendiendo un pueblo que no era el propio, pero que necesitaba ayuda.
La lluvia hizo su parte. Pero antes de eso, hubo hombres y mujeres de distintos rincones del país que pusieron el cuerpo para que el fuego no arrasara con todo. Y entre ellos, desde Las Heras, Santa Cruz, también estuvo presente la solidaridad.
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