Your browser doesn’t support HTML5 audio
La muerte de Isabella, la niña de 2 años que falleció esta semana en Villa Gesell tras ser trasladada de urgencia al hospital local, volvió a poner bajo la lupa a Lucía Sosa. La mujer ya había estado vinculada a otras dos causas por la muerte de sus hijas Candela Milagros y Yazmín Milagros, ocurridas en 2013 y 2016 respectivamente.
En medio de la conmoción que generó el caso, Lucas Ruiz, uno de los hijos biológicos de Sosa, decidió romper el silencio y contar públicamente una historia que, según sostiene, comenzó mucho antes de la muerte de Isabella.
“Quiero hablar ahora, no cuando cumpla 18 años. Quiero que se sepa toda la verdad para que esto no vuelva a pasar nunca más”, afirmó el adolescente de 17 años.
Su testimonio no solo reconstruye su propia infancia, sino que también expone una serie de cuestionamientos hacia el sistema judicial y los organismos de protección de la niñez que intervinieron en su caso.
Una crisis respiratoria que cambió su destino
La historia de Lucas tomó un rumbo diferente cuando tenía apenas 21 días de vida.
En 2008 fue internado en el Hospital Materno Infantil tras sufrir una grave crisis respiratoria y presentar un cuadro de cianosis. La situación encendió las alarmas de los organismos de protección de la infancia y derivó en una intervención judicial.
A partir de entonces fue separado de su madre biológica y quedó bajo la guarda de Elizabeth y Jorge Ruiz, integrantes de un hogar de tránsito que recibía niños en situaciones de vulnerabilidad.
Lo que inicialmente iba a ser una medida temporal terminó convirtiéndose en una relación permanente.
Con el paso de los años, Jorge y Elizabeth se transformaron en sus padres y, tras una extensa batalla judicial, lograron concretar la adopción.
Sin embargo, el proceso estuvo marcado por años de revinculaciones obligatorias con Lucía Sosa y Héctor Picard.
“Durante años dije que no quería volver”
Lucas asegura que desde pequeño manifestó su rechazo a esos encuentros.
“Durante ocho años les dije que no quería ir más. Les explicaba que la pasaba mal, que me hacían pasar hambre y que me maltrataban. Siempre decía lo mismo y nadie me escuchaba”, relató.
Aunque reconoce que muchos recuerdos de aquella etapa son difusos debido a su corta edad, asegura que algunas imágenes permanecen intactas.
“Recuerdo una casa oscura. Todo era oscuro. También recuerdo a Picard tirándome de las orejas. Siempre fue una figura que me generó miedo”, sostuvo.
Según contó, nunca logró desarrollar un vínculo afectivo con quienes la Justicia consideraba sus referentes familiares.
“Si hoy me preguntan si quiero ver a Lucía o a Picard, la respuesta es no. Incluso pediría una restricción para que no se me acerquen”, afirmó.
Elizabeth Ruiz también recordó aquellos años de conflicto judicial.
Según relató, los encuentros de revinculación llegaron a realizarse en ámbitos judiciales y los propios funcionarios podían observar el malestar que manifestaba el niño.
“Volvía llorando. Muchas veces los profesionales veían claramente que no quería estar con ellos”, recordó.
Una familia atravesada por la intervención estatal
Lucas fue el segundo de los nueve hijos que tuvo Lucía Sosa.
La primera hija de la mujer fue criada por su padre biológico y no atravesó las situaciones de violencia denunciadas posteriormente. Luego nacieron otros niños que también terminaron siendo separados del núcleo familiar y ubicados en familias adoptivas.
La historia tomó un giro dramático en 2013 con la muerte de Candela Milagros, una de las hijas de la pareja conformada por Sosa y Héctor Picard.
Tres años más tarde falleció Yazmín Milagros, un caso que derivó en una investigación penal y en la detención de ambos progenitores.
Sosa y Picard permanecieron privados de la libertad hasta 2018, cuando finalmente fueron absueltos por la Justicia.
Tras recuperar la libertad, la mujer volvió a ser madre. Tiempo después se radicó en Villa Gesell, donde formó una nueva pareja y tuvo dos hijos más: un niño de 4 años y la pequeña Isabella.
La muerte de la niña volvió a despertar interrogantes sobre una historia familiar que ya había sido objeto de investigaciones judiciales.
“¿Cuántas señales hacían falta?”
Para Lucas, las tragedias ocurridas a lo largo de los años no pueden analizarse como hechos aislados.
Por el contrario, considera que existieron múltiples señales que debieron haber motivado una intervención más profunda por parte de las autoridades.
“Si en 2013 se muere Candela, ahí ya tenés una alerta. Si después se muere Yazmín en 2016, ya tenés otra alerta. Además había denuncias de violencia, internaciones y distintos episodios con mis hermanos. ¿Cuántas señales hacían falta?”, se preguntó.
El joven también relaciona su propia experiencia con lo ocurrido posteriormente.
“Según mi historia clínica, yo también ingresé al hospital con una crisis respiratoria. Después de que me sacaron de esa familia nunca más tuve un problema respiratorio. En 17 años no volví a tener una crisis. ¿No es raro?”, planteó.
Críticas a la Justicia y al sistema de revinculación
Una de las críticas más fuertes de Lucas apunta al sistema de revinculación familiar y al modo en que, según sostiene, muchas veces se desoyen las manifestaciones de los propios niños.
“Los chicos hablan. Dicen cuando tienen miedo, cuando la pasan mal o cuando no quieren volver a un lugar. El problema es que muchas veces nadie los escucha”, afirmó.
A su entender, el caso de su familia debería servir para revisar los mecanismos de protección de la infancia y la actuación de los organismos judiciales.
“Que se den cuenta de que tienen que cambiar. Si no escuchan a los chicos cuando vuelven de hogares violentos, esto va a seguir pasando”, advirtió.
La lucha por una nueva identidad
Tras años de conflictos judiciales, Lucas logró consolidar legalmente el vínculo con la familia que lo crió.
La adopción se concretó luego de una extensa batalla en los tribunales y, más tarde, consiguió modificar su apellido para llevar únicamente el de quienes considera sus verdaderos padres.
“Soy Lucas Ruiz y estoy orgulloso de llevar este apellido”, afirmó.
También reveló que mantiene dudas sobre su origen biológico.
“Picard nunca quiso hacerse un ADN y estoy convencido de que no es mi padre”, sostuvo.
“Voy a luchar por mis tres hermanas”
La muerte de Isabella fue el hecho que terminó impulsándolo a hablar públicamente.
Conmovido por la noticia, decidió hacer visible una historia que durante años permaneció en el ámbito judicial y familiar.
“Elegí contar todo esto porque quiero que termine acá. No quiero que dentro de diez años exista otro caso igual”, expresó.
Y cerró con una frase que resume el motivo de su decisión de hablar: “Voy a luchar hasta que haya justicia por mis tres hermanas. No me voy a quedar callado. Quiero que Lucía esté presa o internada porque estoy convencido de que las muertes fueron responsabilidad de ella”.
Mientras la Justicia avanza con la investigación por la muerte de Isabella, la voz de Lucas suma un nuevo capítulo a un caso que volvió a conmocionar a Villa Gesell y que reabre el debate sobre la actuación de los organismos encargados de proteger a los niños más vulnerables.
Leé más notas de La Opinión Austral
Compartir esta noticia