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No, vos me traes la bolsa y yo ahí te doy la plata” fue lo que un hombre le dijo a otro, minutos antes que un brutal crimen se registrara en el interior de una casa de El Calafate.

El suceso es terrible y fue uno los que conmocionó tanto a la villa turística como a la provincia de Santa Cruz a fines del 2020, debido a la crueldad con la que un hombre terminó con la vida de otro, además de lo que intentó hacer con sus restos, posiblemente, buscando su impunidad.

Se trata de la causa de Héctor Fabián Esponda, un remisero que fue asesinado a puñaladas y luego fue encontrado dentro de su propio auto, cuando estaba siendo preso de las llamas, en la madrugada del 28 de diciembre del 2020.

El autor del brutal hecho es Luis Antonio Sanfelippo, un hombre oriundo de La Plata, Buenos Aires que se reconoció como consumidor de cocaína y que, en aquella oportunidad, había contactado a Esponda para que le lleve un poco de droga.

El terror se desató en la casa emplazada en la calle 364 N° 153, en la periferia de la villa turística. Lo que parecía ser una simple transacción de drogas tuvo un drástico cambio cuando ocurrió la discusión con la que comenzó esta nota. “No sé lo que pasó, la relación con Esponda era buena“, aseguró Sanfelippo en el juicio que se hizo contra él la semana pasada en las instalaciones de la Cámara Oral de Río Gallegos, antes de llorar y pedirle perdón a los familiares de la víctima.

Luis Sanfelippo, condenado. (FOTO: LA OPINIÓN AUSTRAL)

El relato de Sanfelippo fue crudo, reconociendo cada uno de los sucesos que tuvieron lugar aquella madrugada, tanto del ataque como lo que hizo después con los restos de Esponda. El ahora condenado le asestó 39 puñaladas en el torso y espalda a Esponda.

La Opinión Austral tuvo acceso a la declaración de Sanfelippo sobre lo ocurrido: “No entiendo el motivo por el cual todo se salió de control. El día del hecho, estaba en mi casa y lo llamé para que me trajera droga. Cuando llegó en el Corsa que usaba como remise, lo hice pasar. Dejó las llaves, los 10.000 pesos y el celular sobre la mesa. Entonces me dijo: “Dame la plata que después te traigo la bolsa“. Le respondí que no, que así no era la cosa, que así no funciona. Le pedí que trajera la droga primero y después le daba el dinero.

“Esponda intentó tomar el dinero que estaba sobre la mesa. Comenzamos a forcejear y, de repente, sacó un cuchillo. Cuando lo vi, logré quitárselo y lo agarré del cuello. Fue entonces cuando empecé a apuñalarlo de frente. Esponda se desvaneció, y no sé qué me pasó, pero seguí apuñalándolo varias veces mientras yacía en el piso. Solo quería que no se levantara. No pude parar de lastimarlo, estaba desesperadoEra él o yo. Jamás pensé que haría algo así, pero fue algo que no pude evitar”, indicó en su relato.

En otro tramo, el condenado cargó contra la víctima. “Esponda vendía droga; todos los que consumen en El Calafate lo sabían. La transacción siempre se hacía dentro del vehículo, por eso me llamó la atención que ese día quisiera entrar a mi casa para hacerlo” dijo.

Después del asesinato, Sanfelippo dijo que: “empecé a limpiar la casa. Había sangre por todos lados y un olor que me descomponía. Me bañé y dejé mi ropa manchada de sangre junto con unos trapos en un canasto plástico que escondí debajo de una planta en el patio. Luego caminé unas cinco cuadras, pedí un remise y me dirigí a un lugar llamado Campo de Invierno. Allí tiré el cuchillo al lago. Respecto al celular de Esponda, no sé nada. Tal vez estaba en el vehículo. Aclaro que el celular que usaba para comunicarme estaba a nombre de mi cuñada porque lo necesitaba para hablar con mi hija cuando ella se fue de viaje. Mi celular lo había vendido”.

El auto donde los restos de Esponda fueron encontrados. (FOTO: AHORA CALAFATE)

Por último, Sanfelippo expresó que “reconozco que prendí fuego el vehículo con el cuerpo sin vida de Esponda en la parte trasera. Admito mi culpabilidad. Todo lo que dijeron los testigos y lo que se actuó es verdad. Quiero pedirle perdón a la familia porque no quería que nada de esto pasara”, antes de romper en llanto.

La defensa técnica del entonces acusado, representada por Emir Charif Sat, había indicado que se trató de un caso de “exceso de legítima defensa” entendiendo que Esponda era quien había comenzado con la supuesta reyerta. Incluso se llegó a debatir en que se trató de un caso de homicidio con ensañamiento pero finalmente, el tribunal de Cámara conformado por Joaquín CabralFernando Zanetta y María Alejandra Vila, de manera unánime, resolvieron condenar a Sanfelippo a la pena de 20 años de prisión en orden al delito de “homicidio simple“.

Como dato, este fue el último debate de valoración de pruebas en el que Joaquín Cabral intervino como juez técnico de la Cámara Oral antes de su jubilación.

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